3.12.08

EXPLOTAR EL ORDEN


El tren se puso en movimiento hacia Gottmadingen, la estación fronteriza alemana. Eran las tres y diez. Y el mundo cambió brutalmente de horario. Millones de obuses destructores habían sido arrojados en el curso de la guerra mundial. Los ingenieros continuaban inventando las armas más pesadas, las más poderosas y las más devastadoras. Pero ningún obús fue más devastador y más decisivo que este tren, con su cargamento de revolucionarios, los más peligrosos y más decididos del siglo, este tren, que de la frontera suiza se lanzaba entonces a través de toda Alemania hacia Petrogrado y se preparaba para hacer explotar el orden de los tiempos"




:: Sthephan Zweig, Sterstunden der Menscheit, citado en Lénine. 1870-1924 de Jean-Jacques Marie (2004).
:: Imagen: Idioplasm VI, acrílico en papel, de Jean Dubuffet (1984).

25.11.08

OJOS NUEVOS




Sade


Para discernir lo verdadero de lo falso
hemos de conocernos a nosotros mismos
Yo
no me conozco
Cuando creo haber descubierto alguna cosa
ya dudo de ella
y la niego
Cualquier cosa que hagamos es sólo una larva de lo que querríamos ser…


Marat


Hay que sacarse fuera de la fosa
por los propios cabellos
volcarse a sí mismos
de dentro para fuera
y ser capaces de verlo todo con ojos nuevos...


:: Persecución y asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo teatral del hospicio de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade, I, 15, 12; de Peter Weiss (1963-65).
:: Imagen Autoretrato óleo sobre lienzo de Gustave Courbet (1845).

2.10.08

EL DINERO GRITA SU DESEO


La excitación frente a la crisis americana de 1857, marca la redacción febril de los Grundrisse. La crisis se manifiesta aquí bajo la metáfora de la locura. Las tendencias esquizoides del capital estallan en esquizofrenia declarada. La unidad aparente de la mercancía “se escinde” entre trabajo concreto y trabajo abstracto, entre valor de uso y valor de cambio: “El propio dinero, en su máxima fijeza, es de nuevo mercancía, y cuanto tal solo se diferencia de las demás porque expresa más perfectamente el valor de cambio; pero precisamente por eso, como moneda, pierde su valor de cambio en cuanto determinación inmanente y se convierte en mero valor de uso, aunque también en valor de uso para la fijación de precios ,etc., de las mercancías. Las determinaciones aún coinciden directamente, pero, a la par, divergen. Cuando una y otra se relacionan entre sí de manera autónoma, positiva, como en el caso de la mercancía que se vuelve objeto de consumo, ésta cesa de ser un momento del proceso económico; si la relación es negativa, como en el dinero, se llega a la locura; ciertamente, en cuanto momento de la economía y determinante de la vida de los pueblos” (Karl Marx, El Capital, Tomo I).

Siendo pues la crisis como momento de locura, bocanada delirante de la economía, ella misma “alienada” en tanto esfera separada. Este vocabulario no tiene nada de fortuito: “Al curso de las crisis, cuando el momento de pánico pasó y la industria se estanca, el dinero esta fijo en las manos de los banqueros, los agentes de cambio, y al igual que el ciervo brama su sed de agua fresca, el dinero grita su deseo de un dominio donde pueda ser empleado, valorizado en tanto capital”. La desvalorización brutal del capital aparece como resultado de un retorno violento “lo que había sido olvidado”: “La superproducción, vale decir el recuerdo repentino de todos estos elementos necesarios de la producción fundada sobre el capital; por consiguiente la desvalorización general a consecuencia del olvido de los mismos” [ibídem].

La demencia del fetiche se origina en su deseo negado.

Sus aullidos amorosos anuncian un “súbito” retorno de memoria.


:: La discordance des temps de Daniel Bensaïd (1995)

25.9.08

SE VISTE




Es la noche. Amplia en la manera en que, se cierne y estruja, la falta de luz. Era el día, el recuerdo sucedáneo que no volvería. Y la luna. Era la luz- su falta- el personaje de este relato. Eran diez cuadras y la morgue.

Es la noche quien ha tomado el fondo de los ojos, de un demonio que se viste de azul, eran diez cuadras y la morgue. El reflejo en blanco y el brillo negro –teclas, la separación y la longitud de un serenata que, aunque sea la noche, no deja de ser un piano, y un piano no es la noche, pero aparenta serlo cuando él se baña.

Es la noche quien ha tomado el fondo, y la morgue y la diez cuadras y el piano, musicalmente mudo aunque vibrando. ¿Y la luz? –el personaje de este relato– se escande con el agua, ella solo existe, él se baña. Y su columna desnuda, sus piernas, sus manos, sus manos nuevamente, todo es falta, sólo luz.

A veces la luz es brillo, o falta de oscuridad, o la oscuridad de otra manera. Hay diez cuadras y está la morgue. Sólo la luz, pero también el brillo, de su columna, sus piernas, sus manos, sus manos nuevamente. El personaje de este relato que es la luz, halla donde brillar. El demonio se viste de azul. El brillo desnuda la oscuridad por entre las ramas azules. Solía ser una luz brillante, ahora que tomando el fondo de un desnudo se baña de luz, oscura, áspera, azul, por entre las manos como ramas azules. ¿Quién se baña de luz, quién de sombra?

Hay que matar a la bestia.

3.9.08

DIRECTAMENTE VIVO

A Dan, pequeña serenata
:: :: ::
Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.


:: "Vuelo", en Poemas últimos de Miguel Hernández (1939-1941)

2.8.08

TEMPS


No más “grandes amaneceres”
Sino una puesta cruel con los colores de sangre seca
Ningún impulso de renacimiento o de recomienzo
Al contrario la amarga tarea de la rutina desencantada
Ningún choque resurrector, ninguna fiesta, ningún júbilo
Al contrario la monótona repetición de las conquistas sin amor




:: La discordance des temps de Daniel Bensaïd (1995).-
:: Imagen de Trent Parke.-

23.7.08

¿SE LE PERDIÓ ALGO?


Allí por el año del gofio Lucas iba mucho a los conciertos y dale con Chopin, Zoltan Kodaly, Pucciverdi y pare que te cuento Brahms y Beethoven y hasta Ottorino Respighi en las épocas flojas.

Ahora no va nunca y se las arregla con los discos y la radio o silbando recuerdos, Menuhin y Friedrich Gulda y Marian Anderson, cosas un poco paleolíticas en estos tiempos acelerados, pero la verdad es que en los conciertos le iba de mal en peor hasta que hubo un acuerdo de caballeros entre Lucas que dejó de ir y los acomodadores y parte del publico que dejaron de sacarlo a patadas. ¿A que se debía tan espasmódica discordancia? Si le preguntás, Lucas se acuerda de algunas cosas, por ejemplo la noche en el Colón cuando un pianista a la hora de los bises se lanzó con las manos armadas de Khatchaturian contra un teclado por completo indefenso, ocasión aprovechada por el público pare concederse una crisis de histeria cuya magnitud corresponda exactamente al estruendo alcanzado por el artista en los paroxismos finales, y ahí lo tenemos a Lucas buscando alguna cosa por el suelo entre las plateas y manoteando pare todos lados.

- ¿Se le perdió algo, señor? - inquirió la señora entre cuyos tobillos proliferaban los dedos de Lucas

- La música, señora - dijo Lucas, apenas un segundo antes de que el senador Poliyatti le zampara la primera patada en el culo.

Hubo asimismo la velada de lieder en que una dame aprovechaba delicadamente los pianissimos de Lotte Lehman pare emitir una tos digna de las bocinas de un templo tibetano, razón por la cual en algún momento se oyó la voz de Lucas diciendo: "Si las vacas tosieran, toserían como esa señora", diagnóstico que determinó la intervención patriótica del doctor Chucho Belaustegui y el arrastre de Lucas con la cara pegada al suelo hasta su liberación final en el cordón de la vereda de la calle Libertad.

Es difícil tomarle gusto a los conciertos cuando pasan cosas así, se esta mejor at home.

:: “Lucas, sus desconciertos”, en Un tal Lucas de Julio Cortázar (1979)

24.5.08

VER Y MIRAR


"- La luz.
Ella mira.
El hombre que camina llega hasta un punto de su recorrido donde poco antes se había detenido. Se detiene. Se vuelve, ve, mira él también, espera, mira de nuevo, parte otra vez, viene.
El viene.
Llega. Se detiene frente al que se apoya en el muro, el viajero. Sus ojos son azules, de una trasparencia sorprendente. La ausencia de su mirada es absoluta. Habla con una voz fuerte señala a su alrededor, todo. Dice:
- ¿Qué está pasando?
Agrega:
- La luz se ha detenido.
El tono expresa una violenta esperanza.
La luz detenida iluminante [...]
La inmovilidad del aire iguala a la luz".


:: L'amour de Marguerite Duras (1971).
:: Imagen de Trent Parke

12.5.08

EL DINERO


"Llegamos a conocer, a tocar, un mundo (siendos niños participamos en él), en el que si alguien caía en la pobreza se encontraba al menos asegurado en ella. Se trataba de una especie de contrato sordo entre el hombre y la suerte, un contrato del que la suerte nunca se ausentó antes de la inaguración de los tiempos modernos. Parecía evidente que aquel que se dejase acompañar por la fantasía y lo arbitrario, aquel que introdujese el juego, aquel que quisiese evadirse de la pobreza lo arriesgaba todo. Introduciendo el juego podía perder. Pero quien no jugaba no perdía. No podíamos sospechar que se aproximaba un tiempo, un tiempo que ya está aquí y que es precisamente el tiempo moderno, en el que quien no jugase perdería todo el tiempo y posiblemente más que quien jugase".


:: L'Argent de Charles Péguy (1913)
:: Imagen: Atlas, Rockefeller Center, New York

16.4.08

NECESITO GRAFICAR

A Fredic

Y en eso, pasa.

Hay en principio, una distancia entre la letra, la que escrita en la pantalla reza quien pinte, la que "necesita ser vencida, acelerada, acortada" –me digo y repito– echada abajo, rodeada y derrumbada: por el color, el trazo y la disrupción. Una forma nunca antes.

Hay en un lienzo para pintar: una flaqueza precisa, una oscuridad rubia, la luminosidad manifiesta de una sonrisa, una mirada jugando a hacer del cielo cuando deja de llover.

A la sazón a…nada del otro mundo: mis labios se hacen de un pincel, y las gotas, de mi saliva, y los restos de un llanto que tiembla aun entre la curva de mis manos, mis materiales. Me dispongo a lo que pinte, a sabiendas de que al entreverarme con el lienzo –rubio oscuro, mirada de cielo sin ya llover– voy a desaparecer, e incluso probablemente me calque en un borde, quizás ya no substancia, por qué no figura, la luz y la sombra, el estallido y el fondo.

Hay en mi mente, fluctuaciones de recuerdos momentáneos, así como coloridos presentes de este mundo... Voy por la oreja izquierda, la grabo con una serie de aguafuertes porteñas, al cuello, luego, imagenes y pequeñas escenas de un retablo profano. Y por fin a su pecho llego, un solo color lo toma por completo convirtíendose en pleno, dejo para el ombligo y para las aristas de las costillas ciertas pequeñas caligrafías.

Ahora a las piernas, me imagino un gran mural realista. Y el momento de avanzar sobre la piel me encuentra para lo que pinte cuando hay tanto por pintarse: aún la espalda, el antebrazo, los dedos, la cola. Puedo volver a empezar y pintar todo nuevamente. Dejo para el fin los labios, profundo carmesí sobre el que volcar toda la lata. Las de pintura, la del agua que se mece entre mis manos, una gota de saliva que se prolonga para sumirse en la garganta. Necesito graficar por dentro, el reverso, colorear lo que no conozco y no puedo aún ver.

Y en eso, estoy.

:: Imagen, robada a Fernando, de su blog de fotos Consolo.Mirate. Te muestro fotos que saque mientras miraba jugando, en http://consolo.mirarte.blogspot.com/

13.4.08

VIRAJE Y REPETICIÓN

"Un viraje profundo en la historia, es decir una nueva ordenación de las clases en la sociedad, altera la individualidad, sitúa la percepción de los temas fundamentales de la poesía lírica bajo un ángulo nuevo, y salva así al arte de la repetición eterna”.

:: Literatura y Revolución de León Trotsky (1924)

15.3.08

NUEVO


¿Tal vez no nos corresponda decir que nuestra situación sea nueva, que nuestro combate sea nuevo, esto posiblemente no podemos decirlo, ¿es que hay alguien que no advierta que nuestra situación
es nueva, que nuestro combate es nuevo?"


:: Un Nouveau Théologien de Charles Péguy (1911)
:: Imagen: Terminal Marítima de Yokohama de Alejando Zaera Polo

12.3.08

COLOR

 Nu du grise
Y está el Café.
Y el ilusionista en él.
Los dedos desarmando los pliegues del mantel –a liso o nuevamente doblando la asimetría de sus bordes– patinando van las tazas recién servidas, inscribiendo en la atmósfera los calores y los humos mientras se beben; y los gritos, y las voces, y los labios meciéndose en las caras: abren juego a un garabateo tembloroso ideando una fábula. No de letras en el sentido estricto, ni de imágenes fijas, nada de música de fondo: se basta de un puñado de colores abatiéndose al espacio, fluyendo el rojo sobre un pleno azul, plata y plomo a la batalla, un tono y luego otro, un arco iris invade cada parte y las pone en un lugar desconocido, icono desquiciado de la infernal costumbre de no ver cuando se mira el fondo del aire.
Y está el Café – el ilusionista a su anotador.
Una esquina sencillamente iluminada, trasluciendo de la calle… que no es otra cosa que un mundo y un tiempo.
Y la ilusiones …, trazando el papel.
Como sólo sabe de ilusiones ejercita, con una mueca ronroneante, lo que él llamó escucha activa: ha de descollar la sordera nítida que imaginar no deja, es así, alguien tiene sueño en este insomnio. Y un golpe a golpe de sus ojos, nuevamente fragmentando, en miles de planos... los recuerdos momentáneos, las leyendas amorosas, las contiendas fantásticas. Y dibuja
El perro verde;
La disolución de un viejo árbol a violines, mariposa marrón de madera;
El reverso de una sombra que se revela a perseguir un hombre;


– “Donde esta el ilusionista su café se evapora” – el mozo.
Nada queda ya de él. Su anotador lo ha tragado, sangría una vieja pintura preciosa, que va desde la mesa por entre los manteles, una plano centellante que termina por pintar en el pavimento El jardín de las delicias, ha pasado antes por la necesidad de otras dimensiones, de multiples épocas. El porvenir de una ilusión amplia su frente de batalla a las aceras, va por las calles.
De donde todo nace, nuevamente.
Está el Café.
Y el ilusionista, en él... pero fuera sí.


:: Imagen: Red, Blue and Black Harmony de Nicholas De Stael (1951).-

25.2.08

UNA LENTA IMPACIENCIA

“Espontáneamente, el espíritu no está nunca dispuesto a
tener en cuenta el orden del tiempo, y la revolución es un
largo y un lento movimiento de impaciencia, paciencia misma...
Vivimos el tiempo de la lentitud revolucionaria. El tiempo de
la inevitable lentitud revolucionaria”.


:: Le communisme de Dyonis Mascolo (1953)
:: Imagen de Charles C. Ebbets

24.2.08

LLEGAR

Son gotas, cuerpos, agua emanada, trasponer la posición cedida y persistir en sucederlo: con aplomo remontan el tramo, avanzan y dejándose caer van, las hay voluminosas y pulcras –en tanto permanecen al aire– otras amorfas vueltas indistinguibles por su urgido contacto con el suelo. Con prisa Joel abandona la bañera. En horas de una mañana madura y radiante, la desnudez acentúa su delgadez vaga en la cintura y hacia sus miembros extendida, un joven graba al agua el desplazamiento –inquirido “tarde, llegar tarde”– resultas a paso firme sus piernas emiten una descarga de liquidez. Todo está suficientemente mojado, y visto el cómo del agua ingeniosa en formar charcos, transcreciendo contiguos, abordan primero el suelo cerámico del baño, su geometría pura y límpida, la madera del pasillo consiente algún cierto desplazamiento, no más allá de sus juntas irregulares. Impulsa entre sus axilas la toalla con el paño va revistiendo poco a poco los huesos sobresaliendo entre su piel, de su torso las costillas angulosas.
“Tarde, llegar tarde”.






:: Imagen: Hombre en la ducha en Berverly Hills de David Hockney (1964).-

13.2.08

NUNCA HE VISTO


“Miraste hacia los coreanos. Luego te volviste hacia mí y me miraste con una atención profunda y tan intensa que te impedía verme. De pronto la idea de mi existencia se apoderó de tu espíritu. Me miraste como si me amaras. A veces te sucedía
Digo que nada puedo contra ese miedo, que no puedo evitarlo, que no puedo conocerlo.
Tú no escuchas lo que digo. Sigues mirándome con aquella mirada que nunca he visto más que en ti”.

Elmily L. de Marguerite Duras (1987)

6.2.08

AIRES QUE CORREN


Se suele desesperar, es a nuestro pesar inevitable. La impaciencia insistente fibrila cada contorno del ambiente, buscamos de cada molécula respirar –y solo con obtusa dificultad– es la velocidad lánguida del aire, su fondo rojo y resistente.
El rostro y sus facciones desvanecidas y vueltas a poner al borde de una boca ventrílocua, solidez en las gotas de saliva dócilmente dadas a jugar entre el paladar y hacia la hilera superior de los dientes en desalinea, la lengua muda –al gris– no encuentra ni manera ni palabra dicha, incluso posibilidad alguna de conjugar, de conjugar todo el rostro fuera de sí para emitir sonido.
Tornasolado de un cuerpo traslucido, sudoroso más terso, imputado de un impulso nervioso logra contraerse de una manera tal que infringe cada uno de sus campos: las tetillas maduran erigiéndose sobre el dominio de lucha en que ha devenido el pecho ralo, la taquicardia leve, la dificultad respiratoria doblando la apuesta tras la convulsión del torso desnudo.
Un cigarrillo que multiplicado por varios, apaga y enciende, ilumina la cara en la quietud del instante lumínico y se repiten uno tras los otros, apagándose y encendiéndose mutuamente, saliendo de la boca la ceniza dispersa platea la vista ausente.
La vida del espíritu encuentra manera de componerse en la exterioridad del humo: al fin de nuevo el aire rojo y la palabra que ahora se grita... en juerga desairada, el humo vence en sus voluptuosas formas y nubes, domina la lucha del ambiente abandonándose a una nueva especie de espera ardiente, otra manera de la paciencia necesaria.

4.2.08

LAS ASPAS RUEDAN


Menos mal que cuando… alguien anda por ahí se encuentra uno por azar o por quién sabe que con un bicho bolita, un golpe de suerte. Con él vaya que podremos!!: jugar la vuelta completa.
Y tantas otras vueltas, un giro tras otro, una dirección y varias a la vez, eh!! quién no quiso convertirse de pronto en una esfera? brillante y movediza, pescar un tremendo mareo, una borrachera visceral entre la luz y el color como avanzando entre los vértices de un caleidoscopio o entre los espejos jugadores de un telescopio .
Y también como el planeta mismo en el espacio… una luna sobre nosotros y su lado oculto, latiendo a punto de explotar de tamaña luz. Habiendo volado ya entre las aspas de una abeja o sobre un escarabajo dorado, y entre las ramas desplegarnos bajo el sol a la zaga de una cigarra. Aventura tamaña la que nos espera… y ahí vamos cuesta abajo, rodando en un caparazón que se desarma y se pliega; en la verde pradera y entre los pastos ralos: alguien anda por ahí.

11.1.08

AHORA LLUEVE, CALLA


La trama parece hoy dispuesta a no encontrar fin. Destila mis ojos tristemente en verde, río arriba en la desorbita de mis dilatadas pupilas instiga mil virulentos mares. Lloro y el líquido se precipita –surgido de la ducha aumenta el caudal– desciende contra la disposición de los azulejos timoratamente blancos a la cloaca en un remolino. Las pieles anaranjadas por el tacto aún palpitan aquellas épocas en que despertábamos soñando ser el agua misma.


Irreductible a palabras y de gestos despojada sobre mí es que posan las escenas de nadie, de nunca, de nada y gracias. No creo en un cuerpo sin sonidos, ruge a cada gota el tiritar de la desnudez, sentir en sigilo extinguir los sueños.


Y Lloro, contra tu pecho entreabierto enmudecido a su rectitud ósea; y de mis ojos al agua vertida por la ducha, el líquido elemento: tanto y cuanto hemos recolectado. A la cuantía de nuestras tormentas, reunir mares surcados, cada pequeño y vibrante arroyo tras las piedras revelando lo que ha recorrido para llegar al río de fuente y caudal.


Perseguíamos despertar, e ir zapado las impenetrables tramas del suelo. Y por qué no manantial, una tormenta de verano en su instante álgido, barro tras piedra torc¡endose en los fondos, la dureza segregada resulta en espuma blanca.


Entonces quise ser vapor en vez de agua, otra forma.

Una manada de nubes ha de cabalgar con el horizonte contorneándolo. Escalo una chimenea plateada, revoloteo desde ella: tantos otros mundos y lugares, recorrerlos, reanudar con cada estación.


Querías beberme, atesorar el gusto fresco de un solo trago: de alguna manera se siente... sobre el agua.