11.1.08

AHORA LLUEVE, CALLA


La trama parece hoy dispuesta a no encontrar fin. Destila mis ojos tristemente en verde, río arriba en la desorbita de mis dilatadas pupilas instiga mil virulentos mares. Lloro y el líquido se precipita –surgido de la ducha aumenta el caudal– desciende contra la disposición de los azulejos timoratamente blancos a la cloaca en un remolino. Las pieles anaranjadas por el tacto aún palpitan aquellas épocas en que despertábamos soñando ser el agua misma.


Irreductible a palabras y de gestos despojada sobre mí es que posan las escenas de nadie, de nunca, de nada y gracias. No creo en un cuerpo sin sonidos, ruge a cada gota el tiritar de la desnudez, sentir en sigilo extinguir los sueños.


Y Lloro, contra tu pecho entreabierto enmudecido a su rectitud ósea; y de mis ojos al agua vertida por la ducha, el líquido elemento: tanto y cuanto hemos recolectado. A la cuantía de nuestras tormentas, reunir mares surcados, cada pequeño y vibrante arroyo tras las piedras revelando lo que ha recorrido para llegar al río de fuente y caudal.


Perseguíamos despertar, e ir zapado las impenetrables tramas del suelo. Y por qué no manantial, una tormenta de verano en su instante álgido, barro tras piedra torc¡endose en los fondos, la dureza segregada resulta en espuma blanca.


Entonces quise ser vapor en vez de agua, otra forma.

Una manada de nubes ha de cabalgar con el horizonte contorneándolo. Escalo una chimenea plateada, revoloteo desde ella: tantos otros mundos y lugares, recorrerlos, reanudar con cada estación.


Querías beberme, atesorar el gusto fresco de un solo trago: de alguna manera se siente... sobre el agua.