25.2.08

UNA LENTA IMPACIENCIA

“Espontáneamente, el espíritu no está nunca dispuesto a
tener en cuenta el orden del tiempo, y la revolución es un
largo y un lento movimiento de impaciencia, paciencia misma...
Vivimos el tiempo de la lentitud revolucionaria. El tiempo de
la inevitable lentitud revolucionaria”.


:: Le communisme de Dyonis Mascolo (1953)
:: Imagen de Charles C. Ebbets

24.2.08

LLEGAR

Son gotas, cuerpos, agua emanada, trasponer la posición cedida y persistir en sucederlo: con aplomo remontan el tramo, avanzan y dejándose caer van, las hay voluminosas y pulcras –en tanto permanecen al aire– otras amorfas vueltas indistinguibles por su urgido contacto con el suelo. Con prisa Joel abandona la bañera. En horas de una mañana madura y radiante, la desnudez acentúa su delgadez vaga en la cintura y hacia sus miembros extendida, un joven graba al agua el desplazamiento –inquirido “tarde, llegar tarde”– resultas a paso firme sus piernas emiten una descarga de liquidez. Todo está suficientemente mojado, y visto el cómo del agua ingeniosa en formar charcos, transcreciendo contiguos, abordan primero el suelo cerámico del baño, su geometría pura y límpida, la madera del pasillo consiente algún cierto desplazamiento, no más allá de sus juntas irregulares. Impulsa entre sus axilas la toalla con el paño va revistiendo poco a poco los huesos sobresaliendo entre su piel, de su torso las costillas angulosas.
“Tarde, llegar tarde”.






:: Imagen: Hombre en la ducha en Berverly Hills de David Hockney (1964).-

13.2.08

NUNCA HE VISTO


“Miraste hacia los coreanos. Luego te volviste hacia mí y me miraste con una atención profunda y tan intensa que te impedía verme. De pronto la idea de mi existencia se apoderó de tu espíritu. Me miraste como si me amaras. A veces te sucedía
Digo que nada puedo contra ese miedo, que no puedo evitarlo, que no puedo conocerlo.
Tú no escuchas lo que digo. Sigues mirándome con aquella mirada que nunca he visto más que en ti”.

Elmily L. de Marguerite Duras (1987)

6.2.08

AIRES QUE CORREN


Se suele desesperar, es a nuestro pesar inevitable. La impaciencia insistente fibrila cada contorno del ambiente, buscamos de cada molécula respirar –y solo con obtusa dificultad– es la velocidad lánguida del aire, su fondo rojo y resistente.
El rostro y sus facciones desvanecidas y vueltas a poner al borde de una boca ventrílocua, solidez en las gotas de saliva dócilmente dadas a jugar entre el paladar y hacia la hilera superior de los dientes en desalinea, la lengua muda –al gris– no encuentra ni manera ni palabra dicha, incluso posibilidad alguna de conjugar, de conjugar todo el rostro fuera de sí para emitir sonido.
Tornasolado de un cuerpo traslucido, sudoroso más terso, imputado de un impulso nervioso logra contraerse de una manera tal que infringe cada uno de sus campos: las tetillas maduran erigiéndose sobre el dominio de lucha en que ha devenido el pecho ralo, la taquicardia leve, la dificultad respiratoria doblando la apuesta tras la convulsión del torso desnudo.
Un cigarrillo que multiplicado por varios, apaga y enciende, ilumina la cara en la quietud del instante lumínico y se repiten uno tras los otros, apagándose y encendiéndose mutuamente, saliendo de la boca la ceniza dispersa platea la vista ausente.
La vida del espíritu encuentra manera de componerse en la exterioridad del humo: al fin de nuevo el aire rojo y la palabra que ahora se grita... en juerga desairada, el humo vence en sus voluptuosas formas y nubes, domina la lucha del ambiente abandonándose a una nueva especie de espera ardiente, otra manera de la paciencia necesaria.

4.2.08

LAS ASPAS RUEDAN


Menos mal que cuando… alguien anda por ahí se encuentra uno por azar o por quién sabe que con un bicho bolita, un golpe de suerte. Con él vaya que podremos!!: jugar la vuelta completa.
Y tantas otras vueltas, un giro tras otro, una dirección y varias a la vez, eh!! quién no quiso convertirse de pronto en una esfera? brillante y movediza, pescar un tremendo mareo, una borrachera visceral entre la luz y el color como avanzando entre los vértices de un caleidoscopio o entre los espejos jugadores de un telescopio .
Y también como el planeta mismo en el espacio… una luna sobre nosotros y su lado oculto, latiendo a punto de explotar de tamaña luz. Habiendo volado ya entre las aspas de una abeja o sobre un escarabajo dorado, y entre las ramas desplegarnos bajo el sol a la zaga de una cigarra. Aventura tamaña la que nos espera… y ahí vamos cuesta abajo, rodando en un caparazón que se desarma y se pliega; en la verde pradera y entre los pastos ralos: alguien anda por ahí.