25.9.08

SE VISTE




Es la noche. Amplia en la manera en que, se cierne y estruja, la falta de luz. Era el día, el recuerdo sucedáneo que no volvería. Y la luna. Era la luz- su falta- el personaje de este relato. Eran diez cuadras y la morgue.

Es la noche quien ha tomado el fondo de los ojos, de un demonio que se viste de azul, eran diez cuadras y la morgue. El reflejo en blanco y el brillo negro –teclas, la separación y la longitud de un serenata que, aunque sea la noche, no deja de ser un piano, y un piano no es la noche, pero aparenta serlo cuando él se baña.

Es la noche quien ha tomado el fondo, y la morgue y la diez cuadras y el piano, musicalmente mudo aunque vibrando. ¿Y la luz? –el personaje de este relato– se escande con el agua, ella solo existe, él se baña. Y su columna desnuda, sus piernas, sus manos, sus manos nuevamente, todo es falta, sólo luz.

A veces la luz es brillo, o falta de oscuridad, o la oscuridad de otra manera. Hay diez cuadras y está la morgue. Sólo la luz, pero también el brillo, de su columna, sus piernas, sus manos, sus manos nuevamente. El personaje de este relato que es la luz, halla donde brillar. El demonio se viste de azul. El brillo desnuda la oscuridad por entre las ramas azules. Solía ser una luz brillante, ahora que tomando el fondo de un desnudo se baña de luz, oscura, áspera, azul, por entre las manos como ramas azules. ¿Quién se baña de luz, quién de sombra?

Hay que matar a la bestia.

3.9.08

DIRECTAMENTE VIVO

A Dan, pequeña serenata
:: :: ::
Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar ... Pero, ¿quién ama? Volar ... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.


:: "Vuelo", en Poemas últimos de Miguel Hernández (1939-1941)