24.8.10

SU LENGUAJE



De noche la puerta quedaba casi abierta. El padre se había ido a la guerra, estaba alzado. Bisagra entre el espacio abierto y el cerrado, la puerta cobra un fácil animismo, organiza su lenguaje durante el día y la noche y hace que los espectadores y visitadores acaten sus designios, interpretando en forma correcta sus señales, o declarándose en redeldía con un toque insensato, semejante al alazán con el jinete muerto entre la hierba, golpeando con la herrada la cabeza de la encrucijada. En aquella casa había que vigilar el lenguaje de la puerta.
[...] Clara dejaba la puerta aparentemente cerrada, bastaba darle un ligero empujón para estar ya dentro de la sala. Pero no, no era facíl llegar hasta la puerta a otro que no fuera el esperado. Tenía que ser recorrida de inmediato por la forma en que la noche se posaba en los aledaños de aquella casa [...]


:: Oppiano Licario de José Lezama Lima (1977).-
:: Não me vês , acrílico de Dario Alves (2003).-

16.8.10

HORADAN LOS OJOS

Ils vont. L'espace est grand.
Victor Hugo

Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.

Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está.

Porque estas horas
de decepción, que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina

y devora.

:: “El arte de narrar” [II] de Juan José Saer (1960-1975)
::
Painter and model, óleo de Lucian Freud (1986-87)

3.8.10

TANGOS INFAMES

Quítese la Peluca [Take of your wing]

Chesterton

No era su mano, no era la noche en donde rielaba la luna más veloz que el viento que bajaba de las montañas, no era la música del gramófono que escanciaba uno tras otro tangos infames, no era la voz de Neruda y su mujer y de su dialecto discípulo, sino otra cosa, ¿pero qué cosa, Virgen del Carmen?, me pregunté en ese momento. Sordello, ¿qué Sordello?, repitió con retintín la voz de Farewell a mis espaldas, el Sordello cantado por Dante, el Sordello cantado por Pound, el Sordello de Ensenhamens d’onor, el Sordello del planh a la muerte de Blacatz, y entonces la mano de Farewell descendió de mi cadera hacia mis nalgas y un céfiro de rufianes provenzales entró en el la terraza e hizo revolotear mi sotana negra y yo pensé: El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida el tercero. Y pensé: Yo estaba de pie sobre la arena del mar. Y vi surgir del mar una Bestia. Y pensé: Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló. Y pensé: Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus inquietudes. Y sólo entonces oí la voz de Neruda, que estaba a espaldas de Farewell tal como Farewell estaba a espaldas mías.


:: Nocturno de Chile de Roberto Bolaño (2000)