22.12.11

LA VASTEDAD, QUE SE PIERDE



Con Pierre*, subimos al sexto local de una casa de la calle Monsieur-le-Prince, en busca de un local para nuestro cenáculo. Allí arriba hay una gran habitación, agrandada aún más por la ausencia de muebles. A la izquierda de la puerta, el techo desciende oblicuamente, como en las buhardillas. En el piso, una trampa da a un desván que se extiende todo a lo largo de la casa, bajo las tejas. Delante, una ventana en la cabe apoyarse y que permite ver, por encima de los tejados de la Facultad de Medicina, por encima del Barrio Latino, la vastedad, que se pierde de vista, de casas grises, el Sena y Notre-Dame a la puesta del sol y, muy a lo lejos, Montmartre, apenas visible en la bruma del anochecer.
Y los dos soñamos con la vida del estudiante pobre en una habitación así, sin más fortuna que la procura del trabajo libre. Y a sus pies, delante de su mesa, París. Encerrarse allí, con el sueño de su obra, y no salir de allí hasta que no esté terminada.
Es el grito de Rastignac dominando la ciudad, las alturas de Père Lachaise: “Y ahora… ¡tú y yo!”.-

 * Pierre Louis, dit Pierre Louÿs

:: Entrada primera,  Otoño, 1889, del Journal [Diario] de André Gide (1889-1849).-

16.12.11

DESIERTOS VERTICALES

Ils vont. L'espace est grand.-
VICTOR HUGO

Uno de los hábitos de la mente es la invención de imaginaciones horribles. Ha inventado el infierno, ha inventado la predestinación al infierno, ha imaginado las ideas platónicas, la quimera, la esfinge, los anormales números transfinitos (donde la parte no es menos copiosa que el todo), las máscaras, los espejos, las óperas, la teratológica Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espectro insoluble, articulados en un solo organismo… Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman y lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira.

::  “La biblioteca total” de Jorge Luis Borges en Sur N° 59 (Agosto de 1939).-   

13.12.11

LA NARCOSIS

Todos los tiempos ahora.-



Negro
negro costea la extensión de mí
Se desliza como una nube de tinta
Nada dibuja
No bebe
Lleva su bóveda violeta
y deja entrar las flechas sordas de las palabras.
Hay que escuchar
Hay que estar vacío
escuchar los gritos estridentes que chirrían los colmillos de las fieras
los ¡Arrrhi! ¡Arrrh! ¡Aorrh!
Ladridos roncos que ruedan suavemente sobre ellos mismos.
Ladridos de sirenas.
Dulcemente.
Dulcemente.
Estoy disfrazado.
Los llevo en mí en un nervio.
Aquí está. Aquí está. Llega.

Lo que sé:
la tierra es plana:
y está ahuecada en toda su longitud
por una herida seca.
Inmóvil. El cielo inmóvil.
Piel impermeable de las mejillas.
Los olores de pez caminan muy bajo
El humo se despliega en forma de bóveda.
Adiós, todavía no adiós.
Aquí y allá, los papeles sucios se arrastran.
Los ruidos dicen: comprar, comer, vender.
Vender.
Lo que se llama la vida. Olvidar. Mercancía.
La vida no es delicada.
Arde como un absceso,
Tose, despelleja y escupe.
Las paredes son blancas, tal vez.
Por lo mismo golpean.
El hermoso pez con colores de medusa,
con colores de flores
con colores de frutas
el pez de luz y de perla,
¡ven,
penetra profundo
saja,
haz tu oficio de flecha!
No resisto.
La vida que babea, guerrero de circo,
llévame finalmente hacia los bordes de la narcosis
Y acúname el negro maternal.-

:: L’extase matérielle [El éxtasis material] de J.M.G. Le Clézio (1967).-

6.12.11

EL LINAJE DE LAS HOJAS



Demasiado son los libros buenos o malos o mediocres que salen cada día y que necesariamente hacen olvidar los del día antes, aunque sean excelentes. Todos los puestos de la inmortalidad en este campo están ya ocupados. Los clásicos antiguos, quiero decir, conservarán la que han adquirido o al menos cabe creer que no morirán tan pronto. Pero alcanzarla ahora, aumentar el número de los inmortales, ah, eso no creo que sea ya posible. La suerte de los libros hoy es como la de los insectos llamados efímeros (éphémerès): algunas especies viven pocas horas, algunas una noche, otras tres o cuatro días; pero siempre se trata de días. Nosotros somos verdaderamente hoy pasajeros y peregrinos en la tierra: verdaderamente caducos: seres de un día: por la mañana en flor, a la tarde marchitos o secos: sujetos también a sobrevivir nuestra propia fama y más longevos que la memoria de nosotros mismos. Hoy puede decirse con mayor verdad que nunca: οἵη περ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν* (Iliad. 6. v. 146). Porque no sólo a los literatos, sino a todas las profesiones les está ya vedada la inmortalidad en tan infinita multitud de hechos y vicisitudes humanos, después de que la civilización, la vida del hombre civilizado y el recuerdo de la historia ha abarcado toda la tierra.-

*Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.

:: Zilbadone di Pensieri de Giacomo Leopardi (1827).-
:: L'Attente, pastel de Edgar Degas (1882).-

2.12.11

ME MIRO


Tengo la pasta de mi carne entre mis labios.-


Incluyo en mi territorio la devastación de la que soy objeto.
Estoy sitiada, rodeada por las aguas, quiero decir que me estoy ahogando.
Veo el empeine de las olas como lenguas, como carne que hunde, como diente; reliquio.
Venezia apenas asoma, como una escultura a medias detenida, como un acuerdo de inmortalidad.
Un pacto entre la imposibilidad de las aguas para sublevar y la imposibilidad de la tierra para sostener. Venezia me adquiere como sal, disuelta.
Recuerdo el desatino de mi lucidez, mi cuerpo acostado y mis infiernos.
Recuerdo lo que ya no podre recodar.
Mesuro el duelo, tumulto y disuado, miento.
Me persuado mujer, me miro estado de multitud y sin embargo vuelvo a fracasar.  
Veo la anchura de las bocas en la extensión del aliento.-

:: Venezia de Gabriela Liffschitz (1990).-

26.11.11

EL CUERPO TRANSPIRADO


Dolce e chiara è la notte e senza vento.-
La sera del dí di festa, 1826
G. LEOPARDI


Ahogándose en su pieza, sin lograr dormir entre esas cuatro paredes de solidez agobiante, el cuerpo transpirado por el colchón, que ardía como estufa a leña, la cabeza abombada, Tristán había salido a la puerta de la calle para respirar un poco de fresco. Y no había conseguido alivio hasta que, al mismo tiempo, había alzado los ojos por encima de las casas y repetido la frase, Dulce y clara es la noche, y sin viento… ¿Era él quien hablaba? Era él, era su voz, pero la frase venía de muy lejos, como si alguien se la dictara a través de inmensos espacios abiertos al sonido.  La noche había estado, noche cualquiera, sofocante, de pesadez casi brutal, y sólo ahora se le presentaba dulce y clara, y sin viento… Había padecido por la brisa esquiva y ahora sin viento congratulaba y consagraba la quietud. Así empezaban los poetas a escribir sus poemas, mirando el cielo estrellado y cambiándolo en palabras. Y las palabras transformaban en la noche, noche transfigurada. ¿Sería poeta? ¡Y sin saberlo! Dulce y clara en la noche, y sin viento

:: Después del día de fiesta de Griselda Gambaro (2005).-

22.11.11

INMÓVIL



Inmóvil estaba la noche, rígidas sus figuras en toda visibilidad cercana y lejana, encerrada en este espacio, encerrada en espacios  cada vez más amplios, extendida desde la inmediatez de lo asible a inmediatos  cada vez más amplios, por encima de las montañas y los mares, desplegada en continuo fluir hasta las inalcanzables bóvedas del sueño; pero este fluir, brotando del corazón, rompiendo en los límites de las bóvedas y volviendo a refluir en el corazón, acogía en sí onda de nostalgia tras onda de nostalgia, disolvía incluso la nostalgia de la nostalgia, detenía la cuna de las estrellas en su origen, vibrante en el crepúsculo, maternal; rodeada por los oscuros relámpagos de abajo, por los claros de arriba, separada en luz y tiniebla, en negrura y claridad, de doble color la nube, doble el origen, con bochorno de tormenta, sin sonido, sin espacio, sin tiempo  —¡oh abierta cueva de lo interior y lo exterior, oh que tanto atrae! —, así se abría la noche, estallaba el sueño del ser; mudos habían sido barridos el crepúsculo y la poesía, barrido su reino, quebradas las paredes de ecos del sueño, y escarnecido por las mudas voces del recuerdo, cargado de culpa y perdida la esperanza, cubierto por las ondas, llevado por las ondas, se hundía la enorme variedad de la vida en la mera nada. Se había hecho demasiado  tarde, ya sólo había huida; la nave estaba preparada, las anclas levadas; era demasiado tarde.-

:: Der Tod des Vergil [La muerte de Virgilio] de Hermann Broch (1945).-
:: Fotografía de Trent Parke.-

20.11.11

MÚSICA ABSURDA


D’une éternité sans jeunesse et 

d’une perfection sans brûlure.-



La música absurda comienza en las manos, en las rodillas, después la cabeza cruje, la música se afirma bajo los labios, su certidumbre penetra en la vertiente subterránea del rostro.

Ahora se dislocan las maqueterías faciales. Ahora se procede a extirpar la mirada.-

* * *
La musique saugrenue commence dans las mains, dans les genoux, pius c’est la tête qui craque, la musique s’affirme sous lèvres, sa certitude pénètre le versant souterrain du visage. // À present se disloquent les menuiseries faciales. À present l’on procède à l’arrachement de la vue.-

:: VII, Du mouvement et l’inmobilité de Douve de Yves Bonnefoy (1953).-
:: Fotografía de Garry Winogrand.-

6.11.11

PERO YA HAY LUZ

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta
en realidad 
de un solo momento: el momento en
el que uno sabe para siempre quién es.-

BORGES

No hay salida, permanecer y esperar, estarse quieto y callado. El grito persiste a través del espacio. Cuando llegue, ¿lo hará en la oscuridad o traerá su propia luz? ¿Llegará la luz antes o después?
Pero ya hay luz. ¿Cuánto hace que hay luz? Durante todo el tiempo, la luz ha ido filtrándose junto con el frío aire matinal que roza sus pezones de hombre. La luz ha comenzado a revelar un buen surtido de borrachos perdidos, algunos de uniforme y otros no, agarrados a botellas vacías o semivacías, tumbados en un sillón, arrellanados ante una chimenea fría o acurrucados en varios divanes, alfombras o meridianas, en los distintos niveles de la enorme habitación, roncando y jadeando a distintos ritmos en un coro que se renueva a sí mismo mientras la luz de Londres crece entre los rostros procedente de ventanas divididas con parteluz, crece invernal y elástica, entre los estratos de humo de la noche pasada que aún penden, desvaneciéndose, de la encerradas vigas del cielorraso. Todos estos que están horizontales, estos compañeros de armas, se ven ahora tan sonrosados como un grupo de campesinos holandeses que soñaran con su segura resurrección durante los próximos minutos.-

:: Gravity's Rainbow [El arco iris de gravedad] de Thomas Pynchon (1973).-
:: Phaeno Science Centre obra de Zaha Hadid.-

25.10.11

TIERRA QUE SE TORNA LUZ


 A Ernestina por el futuro.-


La luz es más grande que la tierra, la tierra es más grande que el hombre y nunca jamás puede hacer pie el hombre, hasta que no respira hacia la patria, regresando a la tierra, terrenalmente retornando a la luz, recibiendo terrenalmente la luz sobre la tierra, recibido por la luz sólo a través de ella, tierra que se torna luz. Y nunca está la tierra en mas íntima vecindad con la luz, nunca la luz en más confiada vecindad con la tierra, que en el crepúsculo adherido a los dos límites de la noche. Todavía dormitaba la noche en la profundidad de las aguas, pero iba deslizándose hacia arriba en diminutas ondas silenciosas; por doquiera en el espejo del mar, sin distinción posible entre el arriba y el abajo, surgían las ondas mudas y aterciopeladas del fondo de la noche, las ondas del segundo infinito, de lo suprainfinito brotando en su eterno parto, y comenzaron a verter dulce y quedadamente su aliento sobre el centelleo. La luz no venía ya de arriba, estaba suspendida en sí misma y, en sí misma suspendida, brillaba todavía,  es cierto, pero ya no alumbraba, de modo que aun el paisaje sobre el cual pendía, parecía limitado a su propia extraña luz. Tañer de grillos, con miles de voces, pero un solo tono sostenido, penetrante, pero plácido en su regularidad, sin altos ni bajos, llenaba con su sibilar la tierra entenebrada; sin fin...

:: Der Tod des Vergil [La muerte de Virgilio] de Hermann Broch (1945).-

18.10.11

DEJAR ESTE MUNDO



En abril de 1918, Lenin dio orden de destruir toda la estatuaria zarista y reemplazarla con monumentos al bolchevismo y la Revolución. Hay una foto de esa época en donde se lo ve inaugurando un par de estatuas gemelas de Marx y Engels de medio cuerpo. La leyenda dice que, en plena inauguración, Lunacharski comentó en voz baja que parecían una pareja tomando un baño de asiento. En ninguna revolución hay mucho espacio para el humor. La rusa tuvo en sus inicios la suerte de contar con Lunacharski como Comisario de las Artes. Y Lunacharski tuvo la milagrosa fortuna de que Lenin y Trotsky lo autorizaran a dar a los vanguardistas rusos de la época un lugar en la construcción del Hombre Nuevo. De todos esos vanguardistas, ninguno tan delirante y genial (lo que no es poco decir en una lista que va de Malevitch a Maiacovski y de Eisenstein a Grodchenko) como Tatlin, el hombre que soñó el monumento más alucinado que pueda concebirse y por supuesto no logró hacerlo realidad.
Tatlin es famoso por esa torre que nunca construyó, el Monumento a la Tercera Internacional. Iba a medir cuatrocientos metros de altura, iba a girar sobre su eje en forma espiralada (en realidad, cada una de sus partes iba a girar a diferente velocidad: el cubo inferior daría un giro por año; el cilindro siguiente, un giro completo cada mes; la cúpula de cristal rotaría cada día sobre su eje y cada noche cubriría el cielo ruso de consignas revolucionarias), iba a ser una cachetada a Eiffel y su vacuo mercantilismo arquitectónico, iba a ir más allá del Coloso de Rodas y del Faro de Alejandría y ni hablemos de la Torre de Pisa. Iba a ser el pararrayos del mundo, o más bien su antípoda, cuando empezara a irradiar en todas direcciones los rayos del bolchevismo y la Revolución. Iba a ser, en palabras de Lunacharski, el primer monumento soviético sin barba.
Pero no sólo no se construyó nunca, sino que tampoco se sabe con certeza si iba a ser una torre: después de caer en desgracia, Tatlin se pasó la segunda mitad de su vida entre gallinas, inventando una máquina de volar que bautizó Letatlin (no era un autohomenaje: “letat” quiere decir volar, en ruso), pero en sus ratos libres volvía de tanto en tanto a los planos de su Torre, que por supuesto se perdieron luego de su muerte más que anónima, en 1953. Uno de sus colaboradores, de los pocos que siguieron visitándolo veinte, treinta años después de fracasar clamorosamente en el utópico intento de construirla, aseguraba que, en sus últimos tiempos, Tatlin había recuperado a tal punto el amor por la navegación de sus años juveniles, cuando era cadete de marina (venía de una familia de holandeses constructores de barcos, migrados a Rusia), que había empezado a pensar que la Torre debía ser un objeto que se trasladara por la URSS sobre las aguas. ¿Acaso el bolchevismo no era capaz de cambiar hasta el curso de los ríos en su territorio? ¿Qué le impedía trasladar por aquellas aguas un objeto de cuatrocientos metros de altura?
Tatlin tenía treinta años cuando fue puesto a cargo de la renovación estatuaria en el nuevo Estado soviético e inició su magno proyecto, inspirado en partes iguales por el modernismo de Occidente, el espíritu revolucionario y la milenaria alma eslava. Debió saber que nunca llegaría a construir su Torre, y no sólo por razones estructurales o económicas. La reacción oficial a la maqueta de cinco metros de altura que presentó en público en 1921 fue tibia: Trotsky celebró el rechazo a las formas tradicionales pero le inquietó un poco que la Torre pareciera el esqueleto de una obra en perpetua construcción. Ehrenburg elogió el diseño pero lamentó la falta de figuras humanas. Shklovski dijo que sería el primer monumento hecho de hierro, vidrio y revolución. Pero lo que decidió a Stalin a descabezar de cuajo el proyecto fue oír que la Torre generaría asociaciones e interpretaciones de la misma manera en que lo hacía la poesía con las palabras, y que esas asociaciones e interpretaciones flotarían en el aire soviético como perpetuos copos de nieve.
Una de las curiosidades del avant-garde revolucionario ruso fue su fascinación con Marte (por ser el planeta rojo). Puede decirse, en más de un sentido, que Tatlin inventó la arquitectura extraterrestre: a pesar de su enorme masa, la Torre debía ser más aérea que cualquier otro monumento. De hecho, inicialmente la idea era que fuese un dirigible en perpetua órbita por los cielos soviéticos, lo que la convierte en el artefacto más marciano de la Rusia bolchevique. Y así se la recibió cuando aquella maqueta de cinco metros de altura fue presentada en el pabellón soviético de la Exposición de París de 1925: ni siquiera Le Corbusier y Mies Van der Rohe la pudieron tomar del todo en serio. La maqueta quedó a cargo del PC francés, que se olvidó de pagar la tarifa del depósito y, cuando quisieron acordarse, nadie sabía adónde había ido a parar.
La mística de la Torre de Tatlin para las generaciones siguientes, especialmente en Occidente, tiene mucho que ver con lo poco que se sabe de ella y de su inventor. En 1968, con los aires revolucionarios impregnando la atmósfera, el Museo de Arte Moderno de Estocolmo dedicó una muestra de homenaje a Tatlin: no tenían una sola pieza original del autor, ni siquiera las cacerolas y demás enseres domésticos que supo diseñar en sus inicios. Sólo había apuntes dispersos y testimonios orales y un par de fotos de Tatlin y su equipo sonriendo orgullosos junto con la maqueta terminada. La reconstrucción de aquella maqueta (que se convertiría en el logo de una famosa colección de libros de la Nueva Izquierda) viajó a Eindhoven al año siguiente y cuando volvió fue imposible de rearmar: alguien se había robado algunas piezas. Algunos dijeron que había sido mal armada de antemano, otros dijeron que era imposible de armar tal como la había imaginado Tatlin. Lo mismo sucedió en una megamuestra del Pompidou de 1984, titulada París-Moscú: se exhibió allí otra maqueta de la Torre pero nadie le prestó especial atención. Ya soplaban los vientos de la posmodernidad: se la consideró un mero ejemplo más de que los soviéticos eran los indiscutidos creadores del género ciencia-ficción.
El círculo se cierra en 1999 cuando el historiador japonés de arquitectura Takehiko Nagakura, un especialista en monumentos nunca construidos, realizó un cortometraje espectral en que la Torre de Tatlin ocupa su lugar en el cielo peterburgués, mucho más alta y solitaria y perdida entre las nubes que sus dos solemnes vecinos, el Palacio de los Soviets y la Basílica de Firminy junto al río Neva. Las distintas partes de la Torre giran sobre sus ejes. Todo lo que ansió Tatlin de ella ha encarnado en esas imágenes. Lo único que Nagakura no se atrevió a hacer es a darle palabra a la Torre, de manera que la cúpula no proyecta consignas que floten como copos de nieve en el cielo de esa ciudad que, si tuviera la Torre, y esa Torre hablara, sería sin la menor duda el paisaje que más me gustaría contemplar cuando me llegue el momento de dejar este mundo.
:: Les daré una torre de Juan Forn (2011).-

30.9.11

EN PRESENTE ESTRICTAMENTE


A Ce, si el tiempo acepta permanecer en presente.-


En eso que hablaban de un jardín

Escribo para tratar con presentes sucesivos (que en este momento son ahora sucesivos), escribo para lograr un libro presente, secuencias, pausas, historia en presente,  escribo para darme cuenta de que bajo ciertas condiciones todo es presente, que esta mañana la niña va de paseo a la caverna de al lado. Si estos dos acontecimientos aceptan ser simultáneos, compatibles con un presente, al interior de la página que escribo, si el tiempo, acepta permanecer en presente estrictamente presente, perderá uno a uno sus pliegues.-


Todo presente como en la Guía Azul de Pausanias, por todas partes  el mismo momento y ahora. Y hasta la cuarta dimensión del pasado este día presente, esta serie de horas con que te preparas a la inminencia de un día a ti dedicado y que hará de tu día el día de hoy día. Y el caso de la niña que emperifollan para ir de visita a la caverna  de al lado y a la que el perro de la guardia  hiere de muerte, transcurre en este momento, es otrora, es aquí y es ahora. Que en tu aldea natal las cosas suceden el mismo día, en este momento siempre presente.


Esa seria de horas con que te haces de un nuevo día, serie de horas que terminarán por ser tu día y un día. Y con la vuelta de los años (…).


Escrito para lograr un libro en presente, esta página en tiempo presente, inacabable, absoluto presente, secuencias de un alma, pasos, libro escrito para entender que bajo ciertas condiciones (¿bajo ciertas omisiones?) todo es presente, todo se reduce a, todo rima en un tiempo presente, presente inacabable de la página sin cesar presente, que en este momento la niña vestida de rojo se dirige por el campo a la caverna de al lado y que en este mismo momento el perro de la guardia se prepara a herirla de muerte, la hiere de muerte. Si ambos sucesos aceptan ser simultáneos, contemporáneos, compatibles con un presente, al interior de este momento presente de la página, irá perdiendo uno a unos sus pliegues. Pasos ahora de alguien por el empedrado.


Escribo en presente, escrita esta página para tratar con presentes sucesivos, páginas que logren un libro en presente, secuencias, cadencias en presente, la niña emperifollada, lazo en la cintura, se dirige en este momento a la caverna de al lado, el perro de la guardia la hiere de muerte. Sin decir agua va.-

:: Diario de Eleusis de Arnaldo Calveyra (2006).-
:: Calveyra por Daniel Mordzinski.-

27.9.11

ANSIEDAD

zéroième degré du printemps




La tierra vestida de belleza
aguarda que vuelva la primavera
todo amor fiel ha de morir,
o en todo caso volverse
algo más pequeño.
¿O acaso miento?

Tal cuerpo tienen los amantes
tal respiración exigente,
que tocan o suspiran
Cada  vez que tocan,
el amor está más cerca de la muerte.
¿O acaso miento?

 * * *
Earth in beauty dressed/ Awaits returning spring. /All true love must die,/ Alter at the best/ Into some lesser thing./ Prove that I lie.// Such body lovers have,/ Such exacting breath,/ That they touch or sigh./ Every touch they give,/ Love is nearer death./ Prove that I lie.-

:: Her Anxiety de William Bluter Yeats (1933).-
:: Eleanor Chicago de Harry Callahan (1948).-

19.9.11

OTRO LADO DEL AGUA


Sostuvieron el cielo suspendido de sus hombros:
Porque ellos resistieron, resisten los cimientos de la tierra.-
HOUSMAN

Él se encontraba de este lado de la masa de agua gris, en la que algún claro de cielo pondría reflejos cambiantes, pero que, sin embargo, curiosamente, no parecía reflejar la luz tamizada de un sol que hubiera podido suponerse suspendido en altura, encima del paisaje, sino hacer surgir aquella luz irisada, hacerla brotar más bien de su misma profundidad, como si bajo la superficie lisa, aparentemente dormida, del agua, una fuerza oscuramente luminosa corroyera subrepticiamente la grisura del canal, y también la de las piedras mal trabadas, musgosas, de los malecones, de la fachadas ciegas, como un acantilado abrupto, ocre, azulado, sobre las aguas muertas –al menos a primera vista–, horadado tan sólo por el hecho hueco, devorado por la luz, de un arco de puente sobre el canal lateral, y también por aquéllos igualmente abiertos, pero de una opacidad perceptible, de algunos portones macizos, hondos, que daban a los desembarcos, por los cuales quizá alguna vez, otro día poblado de movimientos, mercancías habían sido llevadas desde pesadas barcazas hasta las salas sombrías y abovedadas de los mercados, flanqueados por torres; pero hoy las barcazas parecían abandonadas, inútilmente amarradas allí, podría creerse, fundidas en cierto modo con la línea quebrada del paisaje urbano, como si su armazón, corroída por la sal, el légamo, las algas, los excrementos, no fuese más que una materia intermedia entre el agua estancada y la piedra lustrosa, madera como muerta tal vez abandonada al curso de un agua muerta, excrecencias putrefactas de la misma piedra, destacando ciertamente, por su presencia peredera y pasajera, la dura eternidad de esa ciudad que se erguía al otro lado del agua.-

* * *
Il se trouverait de ce côté-ci de l'étendue d’eau grise, où quelque éclaircie du ciel posait des reflets moirés, mais qui ne semblait pourtant pas, curieusement, réfléchir la lumière voilée d’un soleil qu’on pourrait supposer suspendu quelque part, au-dessus du paysage, mais bien la faire jaillir, cette lumière irisée, la faire sourdre plutôt de sa profondeur même, comme si sous la surface plate, apparemment dormante, de l’eau, une force obscurément lumineuse rongeât subreptice­ment la grisaille du canal, et celle aussi des pierres disjointes, moussues, des quais, des façades aveugles, comme une falaise abrupte, ocre et bleutée, sur les eaux mortes — tout au moins au premier regard — trouée simplement par l’ouverture béante, dévorée de clarté, d’une arcade de pont sur un canal latéral, et par celles, également béantes, mais d’une opacité percep­tible, de quelques portails massifs, profonds, sur les débar­cadères, par lesquels, peut-être, parfois, un autre jour peuplé de mouvements, des marchandises avaient été transportées des lourdes barges jusqu’aux salles sombres et voûtées des halles commerciales, flanquées de tours; mais aujourd’hui, les barges semblaient abandonnées, inutilement amarrées là, pourrait-on croire, fondues en quelque sorte dans la ligne brisée du pay­sage urbain, comme si leur charpente travaillée par le sel, la vase, les algues, les fientes, n’était plus qu’une matière intermédiaire entre l’eau croupie et la pierre patinée, bois mort peut-être au fil d’une eau morte, excroissances pourris­santes de la pierre elle-même, soulignant certainement, par leur périssable et passagère présence, la dure éternité de cette ville dressée de l’autre côté de l’eau.-


:: La segunda muerte de Ramón Mercader de Jorge Semprún (1969).-
:: Steps, Washington, D.C. de Margaret Bourke-White (1935).-

18.9.11

EN LA LUZ


Hamlet.  Well said, old mole! Canst work i’ the earth so fast?
A worthy pioneer.
SHAKESPEARE

Comienza por el sol
y advierte su repetida desnudez
grita
como cada vez
su deseo de agua fresca;
luego es la piel exacta
la de un pez
moribundo de hormigón;
cuando bajo las calles anticipa
la ficción estricta de un manojo de cimientos
punza sus heridas,
corre delante
en el sentido de una sombra.

Geología de una ciudad.

El deseo de emerger
pregunta por el sol
piel exacta de la vida
como cada vez
naciendo bajo tierra,
agua fresca.

Estrujar al palacio de cristal
que sombrea al sol
y sobre todo al deseo libre,
ocluye la subsistencia de la tierra
la savia musical del sueño
su reproducción jadeante y temblorosa.

Zapando
la biografía ardiente
violencia física de un cuerpo
como una hoja de papel
libremente infiel
en blanco;
y la piel exacta
inadmisible
la cose y tejiendo rabia
grita: –  agua fresca
comienza por el sol.-


:: Into the Light óleo de Antoine de Villiers.-

31.8.11

NADAN POR EL AIRE

L'Eternité, l'Eternité, toujours recommencée.-


Hombre que miras al mar,
Privando de la vista a otros que tienen tanto derecho
como tú,
pararse en medio de algo es humano,
pero no puedes pararte en medio de esto;
el mar nada tiene que ofrecer salvo la tumba bien cavada.
Los pinos erguidos en fila, cada cual con un garfio verde esmeralda
en la copa,
parcos como su entorno, nada dicen;
la represión, empero, no es el rasgo más obvio del
mar;
el mar es un coleccionista, listo para devolver una mirada rapaz.
Otros, no solo tú, han portado esa mirada
cuya expresión ya no es protesta; los peces
ya nos los indagan
pues su huesos no duraron:
los hombres arrojan las redes, ignorando
que profanan una tumba
y se alejan veloces las quillas filosas moviéndose al unísono
cual patas de araña de mar, como si la muerte
no existiera.
Las ondas progresan entre sí en una falange
bellas bajo redes de espuma
y se esfuman sin pausa mientras el mar cruje dentro y fuera  de las
algas;
Los pájaros nadan por el aire a gran velocidad, emitiendo sus graznidos
habituales
la caparazón de tortuga  roe el pie de los acantilados, moviéndose
debajo;
y el mar, bajo el latido de los faros y el ruido de la boyas
campaniles,
avanza como siempre, como si no fuera el mismo  mar en el cual
las cosas que arrojamos están condenadas a hundirse
en el cual si giran y dan vueltas no es con voluntad
ni por conciencia.-
·         
* * *


Man looking into the sea,
taking the view from those who have as much right to it as
           you have to it yourself,
it is human nature to stand in the middle of a thing,
but you cannot stand in the middle of this;
the sea has nothing to give but a well excavated grave.
The firs stand in a procession, each with an emerald turkey-
           foot at the top,
reserved as their contours, saying nothing;
repression, however, is not the most obvious characteristic of
           the sea;
the sea is a collector, quick to return a rapacious look.
There are others besides you who have worn that look --
whose expression is no longer a protest; the fish no longer
           investigate them
for their bones have not lasted:
men lower nets, unconscious of the fact that they are
           desecrating a grave,
and row quickly away -- the blades of the oars
moving together like the feet of water-spiders as if there were
           no such thing as death.
The wrinkles progress among themselves in a phalanx -- beautiful
           under networks of foam,
and fade breathlessly while the sea rustles in and out of the
           seaweed;
the birds swim throught the air at top speed, emitting cat-calls
           as heretofore --
the tortoise-shell scourges about the feet of the cliffs, in motion
           beneath them;
and the ocean, under the pulsation of lighthouses and noise of
           bell-buoys,
advances as usual, looking as if it were not that ocean in which
           dropped things are bound to sink --
in which if they turn and twist, it is neither with volition nor
           consciousness.-

:: “A grave” [Una tumba] en  Observations de  Marianne Moore (1924).-
:: Fotografía de Margaret Bourke-White.-

26.8.11

LA CABEZA VUELTA


El perro, estremeciéndose en todos sus músculos dio un salto hacia atrás, con la lengua que se había convertido en un terror rígido y curvado dentro de la boca; retrocedió más y más, mientras ella avanzaba, y gañía también, adelantando, con su cabeza completamente vuelta de lado, enseñando los dientes y gañendo de igual manera. Acorralado en el ángulo más alejado, el perro se irguió sobre sus patas traseras como si quisiera evitar algo que lo angustiaba hasta tal punto que parecía querer despegarse del suelo; después se detuvo arañando de lado la pared, con las patas de delante alzadas, resbalando. Entonces con la cabeza gacha, arrastrando los bucles del flequillo por el polvo, ella se tiró contra su flanco. El perro soltó un aullido de dolor y mordió en dirección a ella, corriendo alrededor de ella, ladrando, y al saltarle a uno y otro lado, mantenía siempre la cabeza vuelta hacia ella, batiendo con la grupa la pared.
De pronto ella también se puso a ladrar, arrastrándose detrás de él… ladrando en un ataque de risa obscena y trágica. El perro, agachándose, empezó a correr con ella, cabeza contra cabeza, como si quisiera rodearla, con un paso lento y suave. Corría acá y allá, gimiendo desde lo más profundo de su garganta, y ella le mostraba los dientes y gemía con él; gimiendo a intervalos cada vez más breves, avanzando cabeza contra cabeza, hasta que ella se rindió, y se echó al suelo, con las manos a los costados, el rostro vuelto a un lado y sollozando; y entonces el perro también abandonó, y se quedó tendido, con los ojos inyectados de sangre, con la cabeza plana junto a las rodillas de ella.-

:: Nightwood [Bosque de la noche] de Djuna Barnes (1936).-
:: Robin with dog de Anna Nilsdotter Karlson.-   

24.8.11

LA LUZ SE INYECTÓ EN EL ACERO

En las profundidades del invierno finalmente aprendí 
que en mi interior habitaba un verano invencible.-
AC


[…] Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso. Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió de un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esa cortina de lágrimas y sal. No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego.  Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor,  todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre su cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba a la puerta de la desgracia.-

·        
* * *
[…] Je savais que c'était stupide, que je ne me débarrasserais pas du soleil en me déplaçant d'un pas. Mais j'ai fait un pas, un seul pas en avant. Et cette fois, sans se soulever, l'Arabe a tiré son couteau qu'il m'a présenté dans le soleil. La lumière a giclé sur l'acier et c'était comme une longue lame étincelante qui m'atteignait au front. Au même instant, la sueur amassée dans mes sourcils a coulé d'un coup sur les paupières et les a recouvertes d'un voile tiède et épais. Mes yeux étaient aveuglés derrière ce rideau de larmes et de sel. Je ne sentais plus que les cymbales du soleil sur mon front et, indistinctement, la glaive éclatant jailli du couteau toujours  en face de moi. Cette épée brûlante rongeait mes cils et fouillait mes yeux douloureux. C'est alors que tout a vacillé. La mer a charrié un souffle épais et ardent. Il m'a semblé que le ciel s'ouvrait sur toute son étendue pour laisser pleuvoir du feu.  Tout mon être s'est tendu et j'ai crispé ma main sur le revolver. La gâchette a cédé, j'ai touché le ventre poli de la crosse et c'est là, dans le bruit à la fois sec et assourdissant, que tout a commencé. J'ai secoué la sueur et le soleil. J'ai compris que j'avais détruit l'équilibre du jour, le silence exceptionnel d'une plage où j'avais été heureux. Alors, j'ai tiré encore quatre fois sur un corps inerte où les balles s'enfonçaient sans qu'il y parût. Et c'était comme quatre coups brefs que je frappais sur la porte du malheur.-

:: L’Étranger [El extranjero] de Albert Camus (1942).-
:: Fotografía de Cristina García Rodero.-  

6.8.11

SEPARADO DEL CUERPO

De poco sirve que se anhele en el cielo
Si no se vuela con robustas alas.-
IBSEN


Para escribir la historia de la propia vida, por lo pronto es preciso haber vivido. No es, pues mi vida la que escribo.
Mas, al igual que un herido atacado por la gangrena corre a un anfiteatro para hacerse cortar el miembro podrido, y el médico que le amputa, tras envolver en un paño blanco el órgano separado del cuerpo, hace que circule de mano en mano por toda el aula, a fin de que los alumnos lo examinen, del mismo modo, si uno de los miembros de su vida ha resultado herido o gangrenado por una dolencia moral, puede desgajar esa porción propia, eliminarla del resto y procurar que circule a plena luz, para que las personas coetáneas  palpen y juzguen mal.
Habiendo padecido, en la flor de la edad, una enfermedad moral abominable, narraré lo que me sucedió durante tres años. Si el único afectado fuera yo, nada diría. Mas como existen muchos otros que sufren el mismo mal, a ellos me dirijo, sin saber muy bien si seré escuchado. En el supuesto que nadie tomara advertencia, al menos conseguiría con mis palabras este fruto: haberme curado mejor a mí mismo y, como el zorro atrapado en el cepo, aliviar la pata prisionera.-

:: La confession d’une enfant du siècle [La confesión de un niño del siglo] de Alfred de Musset (1836).-

3.8.11

LA PENUMBRA

old shadovy sound.-
KEATS


Por selva oscura

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.

:: “No es más” de El oscuro esplendor de Eliseo Diego (1966).-