31.5.11

ME ARROJAN DE LA NOCHE



Riéndose, burlándose con claridad del día,
se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces.
No quise más la luz. ¿Para qué?  No saldría
más de aquellos silencios y aquellas lobregueces.

Quise ser... ¿Para qué?... Quise llegar gozoso
al centro de la esfera de todo lo que existe.
Quise llevar la risa como lo más hermoso.
He muerto sonriendo serenamente triste.

Niño dos veces niño: tres veces venidero.
Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre.
Atrás, amor. Atrás, niño, porque no quiero
salir donde la luz su gran tristeza encuentre.

Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia.
Vuelvo a rodar, consciente del sueño que me cubre.
En una sensitiva sombra de transparencia,
en un íntimo espacio rodar de Octubre a Octubre.

Vientre: carne central de todo lo existente.
Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura.
Noche final en cuya profundidad se siente
la voz de las raíces y el soplo de la altura.

Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia.
Mi cuerpo en una densa constelación gravita.
El universo agolpa su errante resonancia
allí, donde la historia del hombre ha sido escrita.

Mirar, y ver en torno la soledad, el monte,
el mar, por la ventana de un corazón entero
que ayer se acongojaba de no ser horizonte
abierto a un mundo menos mudable y pasajero.

Acumular la piedra y el niño para nada:
para vivir sin alas y oscuramente un día.
Pirámide de sal temible y limitada,
sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía.

Mas, algo me ha empujado desesperadamente.
Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado.
Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente
vuelvo a llorar desnudo, pequeño, regresado

:: "El niño de la noche" de Miguel Hernández (1939-1941?).-
:: Foto de Oliver.-

18.5.11

ESE MISMO RÍO


Dijo que hay un pez en ese mismo río, que las aguas no quieren y él, el pez, debe pasar la vida, toda la vida, como el mono, en vaivén dentro de ellas; aún de un modo más penoso, porque está vivo y tiene que luchar constantemente con el flujo liquido que quiere arrojarlo a tierra. Dijo Ventura Prieto que estos sufridos peces, tan apegados al elemento que los repele, quizás apegados a pesar de sí mismos, tiene que emplear casi íntegramente sus energías en la conquista de la permanencia y aunque siempre están en peligro de ser arrojados del seno del río, tanto que nunca se los encuentra en la parte central del cauce sino en los bordes, alcanzan larga vida, mayor que la normal entre los otros peces. Sólo sucumben, dijo también cuando su empeño les exige demasiado y no puede procurarse alimento.
Yo había seguido con viciada curiosidad esta historia que no creí. Al considerarla, recelaba de pensar en el pez y en mí al mismo tiempo.

:: Zama de Antonio Di Benedetto (1956).-

14.5.11

LA INEXACTITUD DEL SENTIMIENTO


V
Y bien, estoy aquí, en medio del camino
Y he pasado veinte años —veinte años en gran parte perdidos,
Los años de entreguerra—
Tratando de aprender a usar las palabras
y cada intento es un comienzo enteramente nuevo
Y es un tipo distinto de fracaso.
Porque uno sólo ha aprendido a dominar
las palabras
para decir lo que ya no tiene que decir
O de ese modo en que no está dispuesto ya a
decirlo.
Por eso cada intento
Es un nuevo comienzo, una incursión en lo
inarticulado
Con un mísero equipo cada vez más roído
En el desorden general de la inexactitud
del sentimiento,
Escuadras de la emoción sin disciplina.
Y lo que debe ser conquistado
Mediante fuerza y sumisión, ya ha sido descubierto 
Una, dos, varias veces por hombres que uno no tiene
esperanza de emular
—Pero no hay competencia:
Sólo existe la lucha por recobrar lo perdido
Y encontrado y perdido una vez y otra vez
Y ahora en condiciones que parecen adversas.

Pero quizá no hay ganancia ni pérdida:
Para nosotros sólo existe el intento.
Lo demás no es asunto nuestro

* * * 
V  So here I am, in the middle way, having had twenty years—/ Twenty years largely wasted, the years of l'entre deux guerres/ Trying to use words, and every attempt/ Is a wholly new start, and a different kind of failure/ Because one has only learnt to get the better of words/ For the thing one no longer has to say, or the way in which/ One is no longer disposed to say it. And so each venture/ Is a new beginning, a raid on the inarticulate/ With shabby equipment always deteriorating/ In the general mess of imprecision of feeling,/ Undisciplined squads of emotion./ And what there is to conquer/ By strength and submission, has already been discovered/ Once or twice, or several times, by men whom one cannot hope/ To emulate—but there is no competition—/ There is only the fight to recover what has been lost/ And found and lost again and again: and now, under conditions/ That seem unpropitious./ But perhaps neither gain nor loss./ For us, there is only the trying./ The rest is not our business.


:: "East Coker" V, Four Quartets [Cuatro cuartetos] de T.S. Elliot (1940).-
:: Fotografía de Alina Lebedeva.-

8.5.11

A LA HORA DE PERDERSE

En mi corazón penetra un aire
que mata desde ese país lejano.-
HOUSMAN

Nadie sabe
qué sabe un cuerpo
a la hora de perderse

más aún
si en tales circunstancias
la crispación civil
               los besos pálidos
como oriundos de ningún

nadie sabe cómo y cuándo
en su rapaz ternura
las palabras

tan poco y tanto oscuro
el sentimiento

ciertamente
una victoria contra qué

mis reinos con tu boca
mi muy torpe noche

:: "Prólogo para un otoño" en Cantar la nada de María Negroni (2011).-
:: Dibujo de Matías.-

6.5.11

ARDER DETRÁS EL MUNDO


En mi mente martillean versos férreos, ajenos. Resuenan en mí como la primera vez. La belleza, que para Platón era reminiscencia, para mi indefenso y libre, no es más que actualidad. La misma música aliterada me estremece de nuevo, cada vez, con delicias flamantes. El café: una sombra en relación con su regusto, con esa pesadez perfumada que se irradia, sutil,  desde la punta de mi lengua, ahora. Lo que nos salva a nosotros los viejos, es ver arder detrás el mundo, depositado sobre un lecho de ceniza palpitante. Sobre ese colchón estoy parado completando mi propia sombra que encoge lentamente en la mañana.
Que otros gocen hoy de la maravilla del nacimiento  y del sabor de la primera entrega perfumada del mundo, o de una muchedumbre de fiestas nocturnas. El sol de los ciegos es más que la noche y el nacimiento más perfecto es la muerte. Mi luz es única. No la puedo cambiar. Y el humo de mi cigarrillo es más sólido y más azul que un ramo de ciudades.

:: "El poeta septuagenario", cuentos reunidos en La mayor  de Juan José Saer (1976).-
:: El jinete azul de Juan Pablo Renzi (1984).-