22.12.11

LA VASTEDAD, QUE SE PIERDE



Con Pierre*, subimos al sexto local de una casa de la calle Monsieur-le-Prince, en busca de un local para nuestro cenáculo. Allí arriba hay una gran habitación, agrandada aún más por la ausencia de muebles. A la izquierda de la puerta, el techo desciende oblicuamente, como en las buhardillas. En el piso, una trampa da a un desván que se extiende todo a lo largo de la casa, bajo las tejas. Delante, una ventana en la cabe apoyarse y que permite ver, por encima de los tejados de la Facultad de Medicina, por encima del Barrio Latino, la vastedad, que se pierde de vista, de casas grises, el Sena y Notre-Dame a la puesta del sol y, muy a lo lejos, Montmartre, apenas visible en la bruma del anochecer.
Y los dos soñamos con la vida del estudiante pobre en una habitación así, sin más fortuna que la procura del trabajo libre. Y a sus pies, delante de su mesa, París. Encerrarse allí, con el sueño de su obra, y no salir de allí hasta que no esté terminada.
Es el grito de Rastignac dominando la ciudad, las alturas de Père Lachaise: “Y ahora… ¡tú y yo!”.-

 * Pierre Louis, dit Pierre Louÿs

:: Entrada primera,  Otoño, 1889, del Journal [Diario] de André Gide (1889-1849).-

16.12.11

DESIERTOS VERTICALES

Ils vont. L'espace est grand.-
VICTOR HUGO

Uno de los hábitos de la mente es la invención de imaginaciones horribles. Ha inventado el infierno, ha inventado la predestinación al infierno, ha imaginado las ideas platónicas, la quimera, la esfinge, los anormales números transfinitos (donde la parte no es menos copiosa que el todo), las máscaras, los espejos, las óperas, la teratológica Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espectro insoluble, articulados en un solo organismo… Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman y lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira.

::  “La biblioteca total” de Jorge Luis Borges en Sur N° 59 (Agosto de 1939).-   

13.12.11

LA NARCOSIS

Todos los tiempos ahora.-



Negro
negro costea la extensión de mí
Se desliza como una nube de tinta
Nada dibuja
No bebe
Lleva su bóveda violeta
y deja entrar las flechas sordas de las palabras.
Hay que escuchar
Hay que estar vacío
escuchar los gritos estridentes que chirrían los colmillos de las fieras
los ¡Arrrhi! ¡Arrrh! ¡Aorrh!
Ladridos roncos que ruedan suavemente sobre ellos mismos.
Ladridos de sirenas.
Dulcemente.
Dulcemente.
Estoy disfrazado.
Los llevo en mí en un nervio.
Aquí está. Aquí está. Llega.

Lo que sé:
la tierra es plana:
y está ahuecada en toda su longitud
por una herida seca.
Inmóvil. El cielo inmóvil.
Piel impermeable de las mejillas.
Los olores de pez caminan muy bajo
El humo se despliega en forma de bóveda.
Adiós, todavía no adiós.
Aquí y allá, los papeles sucios se arrastran.
Los ruidos dicen: comprar, comer, vender.
Vender.
Lo que se llama la vida. Olvidar. Mercancía.
La vida no es delicada.
Arde como un absceso,
Tose, despelleja y escupe.
Las paredes son blancas, tal vez.
Por lo mismo golpean.
El hermoso pez con colores de medusa,
con colores de flores
con colores de frutas
el pez de luz y de perla,
¡ven,
penetra profundo
saja,
haz tu oficio de flecha!
No resisto.
La vida que babea, guerrero de circo,
llévame finalmente hacia los bordes de la narcosis
Y acúname el negro maternal.-

:: L’extase matérielle [El éxtasis material] de J.M.G. Le Clézio (1967).-

6.12.11

EL LINAJE DE LAS HOJAS



Demasiado son los libros buenos o malos o mediocres que salen cada día y que necesariamente hacen olvidar los del día antes, aunque sean excelentes. Todos los puestos de la inmortalidad en este campo están ya ocupados. Los clásicos antiguos, quiero decir, conservarán la que han adquirido o al menos cabe creer que no morirán tan pronto. Pero alcanzarla ahora, aumentar el número de los inmortales, ah, eso no creo que sea ya posible. La suerte de los libros hoy es como la de los insectos llamados efímeros (éphémerès): algunas especies viven pocas horas, algunas una noche, otras tres o cuatro días; pero siempre se trata de días. Nosotros somos verdaderamente hoy pasajeros y peregrinos en la tierra: verdaderamente caducos: seres de un día: por la mañana en flor, a la tarde marchitos o secos: sujetos también a sobrevivir nuestra propia fama y más longevos que la memoria de nosotros mismos. Hoy puede decirse con mayor verdad que nunca: οἵη περ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν* (Iliad. 6. v. 146). Porque no sólo a los literatos, sino a todas las profesiones les está ya vedada la inmortalidad en tan infinita multitud de hechos y vicisitudes humanos, después de que la civilización, la vida del hombre civilizado y el recuerdo de la historia ha abarcado toda la tierra.-

*Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.

:: Zilbadone di Pensieri de Giacomo Leopardi (1827).-
:: L'Attente, pastel de Edgar Degas (1882).-

2.12.11

ME MIRO


Tengo la pasta de mi carne entre mis labios.-


Incluyo en mi territorio la devastación de la que soy objeto.
Estoy sitiada, rodeada por las aguas, quiero decir que me estoy ahogando.
Veo el empeine de las olas como lenguas, como carne que hunde, como diente; reliquio.
Venezia apenas asoma, como una escultura a medias detenida, como un acuerdo de inmortalidad.
Un pacto entre la imposibilidad de las aguas para sublevar y la imposibilidad de la tierra para sostener. Venezia me adquiere como sal, disuelta.
Recuerdo el desatino de mi lucidez, mi cuerpo acostado y mis infiernos.
Recuerdo lo que ya no podre recodar.
Mesuro el duelo, tumulto y disuado, miento.
Me persuado mujer, me miro estado de multitud y sin embargo vuelvo a fracasar.  
Veo la anchura de las bocas en la extensión del aliento.-

:: Venezia de Gabriela Liffschitz (1990).-