21.12.12

INVISIBLE




Más que la verdad
esto es el lugar
es invisible
ya la sombra
muy lejos
la voz de una anciana
se fijó en las puntas
en este presente absoluto

hombre sentado al borde
gris
se ve a sí mismo
la lengua
muramosnós
sorbe
la posibilidad

perfiles adivinados
del agua solamente
superficies negras
tan deliberados disfraces
a los labios

el puente que cruzaba
oyes
única flor sin tallo
la lectura como naturaleza
su idea de la construcción
que la noche no

dédalo del extremo
días de silencio
a ti me lleva
grave y perfecta

de exactitud
el idioma de Chakespeare
gargantas de sirenas
el juguete de su furor
el amor de una rata

del vacío revelado
circunstancia del agua
a través de la traición
dadaísmo secular

retorcer el espíritu
el sueño inventa
diseño días de sueño
quietud
repentina penumbra azul.-

:: Especie de cadáver exquisito con los títulos de las entradas de este blog.-
:: Óleo de Fernand Leger (1912-1913).-

20.12.12

MÁS QUE LA VERDAD



Maestro del mundo y de sí mismo,
por el conocimiento llegó a esto o
llegará. Su mente presenta el mundo
y en su mente el mundo da vueltas y revueltas.
Las revoluciones por el día y por la noche,
por espacios salvajes de otros soles y lunas,
en torno al verano y angulares inviernos y vientos,
van a la par de otras revoluciones
en las que el mundo gira y gira en redondo
en las atmósferas cristalinas de la mente,
comedias de la luz, tragedias de lo oscuro,
como cosas producidas por un clima, el mundo
gira en redondo en los climas de la mente
y da sus floraisons de imaginería.

La mente renueva el mundo en un verso,
un pasaje de música, un parágrafo
de un filósofo en lo cierto: renueva
y posee, por sincera perspicacia y acierto
en el Juan-engendró-a-Jacob de lo que conocemos,
los vuelos por el espacio, cambiando habitudes.

En las generaciones del pensamiento, hijos y herederos
del hombre son poderes de la mente,
su solo testamento y patrimonio.
El no tiene ninguna cosa más que la verdad para dejar.
¿Cómo será entonces la mente menos que libre
si solo conociendo se es libre?.-

 * * *
Master of the world and of himself, / He came to this by knowledge or / Will come. His mind presents the world / And in his mind the world revolves. / The revolutions through day and night, / Through wild spaces of other suns and moons, / Round summer and angular winter and winds, / Are matched by other revolutions / In which the world goes round and round / In the crystal atmospheres of the mind, / Light’s comedies, dark’s tragedies, / Like things produced by a climate, the world / Goes round in the climates of the mind / And bears its floraisons of imagery. // The mind renews the world in a verse, / A passage of music, a paragraph / By a right philosopher: renews / And possesses by sincere insight / In the John-begat-Jacob of what we know, / The flights through space, changing habitudes. // In the generations of thought, man’s sons // And heirs are powers of the mind, His only testament and estate. / He has nothing but the truth to leave. / How then shall the mind be less than free / Since only to know is to be free?.-

:: VI de The Sail of Ulysses [La vela de Ulises] de Wallace Stevens (1950-55).-
:: Ulysses deriding Polyphemus- Homer's Odyssey, óleo de Joseph Mallord William Turner (1829).-

18.12.12

ESTO ES EL LUGAR

La rata deviene en moneda de curso legal.-
Z. W.


Demasiado viejo para llevar las armas y luchar como los otros-

fui designado como un favor para el mediocre papel de cronista
registro -sin saber para quién- los acontecimientos del asedio

debo ser exacto mas no sé cuándo comenzó la invasión
hace doscientos años en diciembre septiembre quizá ayer al amanecer
todos padecen aquí del deterioro de la noción del tiempo

nos quedó sólo el lugar el apego al lugar
aún poseemos las ruinas de los templos los espectros de jardines y casas
si perdemos nuestras ruinas nada nos quedará

escribo tal como sé en el ritmo de semanas inconclusas
lunes: almacenes vacíos la rata deviene en moneda de curso legal
martes: alcalde asesinado por agentes desconocidos
miércoles: conversaciones sobre el armisticio el enemigo confinó a los legados
                       ignoramos dónde se encuentran esto es el lugar de su suplicio
jueves: tras una turbulenta asamblea se rechaza por mayoría de votos
                la propuesta de los comerciantes de especias de rendición incondicional
viernes: comienza la peste
sábado: se ha suicidado un desconocido inflexible defensor
domingo: no hay agua
                 rechazamos
un ataque en la puerta este llamada Puerta de la Alianza

lo sé todo esto es monótono a nadie puede conmover

evito comentarios las emociones mantengo a raya escribo sobre hechos
aparentemente sólo ellos son valorados en los mercados foráneos
pero con cierto orgullo deseo informar al mundo
que gracias a la guerra hemos criado una nueva variedad de niños
a nuestros niños no les gustan los cuentos juegan a matar
despiertos y dormidos sueñan con la sopa el pan los huesos
exactamente como los perros y los gatos

al atardecer me gusta deambular por los confines de la Ciudad
a lo largo de las fronteras de nuestra libertad incierta
miro desde lo alto el hormigueo de los ejércitos sus luces
escucho el tronar de los tambores los alaridos bárbaros
en verdad es inconcebible que la Ciudad todavía se defienda

el asedio continúa los enemigos deben ser reemplazados
nada les une excepto el anhelo de nuestra destrucción
godos tártaros suecos huestes del César regimientos de la Transfiguración del Señor
quién los enumerará
los colores de los estandartes cambian como el bosque en el horizonte
desde el delicado amarillo de aves en primavera a través del
verde del rojo hasta el negro invernal

así al atardecer liberado de los hechos puedo pensar
en asuntos antiguos lejanos por ejemplo en nuestros
aliados de ultramar lo sé su compasión es sincera
envían harinas sacos de ánimo grasa y buenos consejos
ignoran incluso que nos traicionaron sus padres
nuestros ex-aliados desde los tiempos de la segunda Apocalipsis

sus hijos no tienen culpa merecen gratitud así que les estamos agradecidos
no sufrieron un asedio largo como una eternidad
a quienes alcanzó la desdicha están siempre solos
los defensores del Dalai-Lama kurdos montañeses afganos

ahora cuando escribo estas palabras los partidarios del pacto
conquistaron cierta ventaja sobre la fracción de los intransigentes
habituales las oscilaciones de ánimo los destinos aún se sopesan

los cementerios crecen disminuye el número de los defensores
pero la defensa perdura y perdurará hasta el final
y si cae la Ciudad y uno solo sobrevive
él portará consigo la Ciudad por los caminos del exilio
él será la Ciudad

miramos en el rostro del hambre el rostro del fuego el rostro de la muerte
y el peor de todos -el rostro de la traición
y sólo nuestro sueños no fueron humillados.-

:: Raport z oblężonego Miasta i inne wiersze [Informe desde la ciudad sitiada] de Zbigniew Herbert (1983).-
:: Imagen de Trent Parke.-

17.12.12

ES INVISIBLE


La rodea un bloque. El bloque es invisible porque es totalmente transparente. Tampoco restringe sus movimientos. ¿Es tal vez el bloque lo que separa Ser de Devenir? No lo sé, pues esto sucede en donde no hay palabras.
Por lo general, damos la cara a las palabras, de modo que podemos leerlas, hablarlas o pensarlas. Esto sucedía en algún lugar oblicuo al lenguaje, donde toda visión frontal del mismo era completamente imposible. Desde ese ángulo, vi que el lenguaje era delgado como el papel, y todas sus palabras estaban escorzadas, abreviadas, a fin de convertirse en un solo trazo vertical —I—, como un solo poste en un vasto paisaje.
La tarea consistía en desmantelar el bloque —desmontarlo y recogerlo pieza a pieza. Ella permitió que sucediera así—. No. Activa y Pasiva se han fundido. Digamos, pues: le sucedió con la mayor facilidad. Yo estaba con ella en lo que estaba (estábamos) haciendo.
Partimos de la cabeza y procedimos hacia abajo, hacia los pies. Cuando quedaba liberada del bloque, la parte corporal expuesta no cambiaba de aspecto. Sin embargo, sí había cambiado. Desactivaba todo comentario. Impedía cualquier respuesta que no fuera la aceptación. O, para decirlo de otra manera: más rápida que toda posible respuesta, la parte de cuerpo que quedaba expuesta afirmaba su propia aceptación.
Aunque todo se hacía con facilidad, la tarea resultaba fatigosa, al menos para mí. Cada vez que extraíamos una porción de bloque, yo volvía a mi propio cuerpo, a mi cama, contento de poder descansar un momento, hasta que extrajéramos la siguiente porción, o hasta la siguiente parte del sueño. ¿Era el acto de soñar sinónimo del acto de desmantelar el bloque?
Entonces sabía todas las respuestas. Donde no hay palabras, el conocimiento se adquiere mediante actos físicos y mediante el espacio a través del cual se realizan esos actos; por el hecho de permitirlo, el espacio confería sentido a cada acto y ya no era necesario otro sentido.
Cada vez que me sentía fatigado la abrazaba.
No sé en cuántas piezas se dividió el bloque. La tarea duró toda la noche.-

:: Bento’s Sketchbook [El cuaderno de Bento] de John Berger (2011)
:: ¿De dónde parte el impulso que lleva a dibujar algo? Dibujo de J.B.-

2.12.12

YA LA SOMBRA



Habría que hacer alguna vez, dijo aún, un catálogo de nuestras construcciones, en el que aparecieran por orden de tamaño, y entonces se comprendería enseguida que las que se situaban por debajo del tamaño normal de la arquitectura doméstica —las cabañas de campo, los refugios de ermitaño, la casita de vigilante de esclusas, el pabellón de hermosas pistas, el pabellón de los niños en el jardín—, eran las que nos ofrecían al menos un vislumbre de paz, mientras que de un edificio gigantesco como, por ejemplo, el Palacio de Justicia de Bruselas en la antigua colina del patíbulo, nadie que estuviera en su sano juicio podría afirmar que le gustase. En el mejor de los casos, se admiraba, y en esa admiración había ya una forma de espanto porque de algún modo sabíamos naturalmente que los edificios que crecen hasta lo desmesurado arrojan ya la sombra de su destrucción y han sido concebidos desde el principio con vistas a su existencia ulterior como ruinas...-

:: Austerlitz de W. G. Sebald (2001).-

24.11.12

MUY LEJOS


Berzeiev ordenó:

—¡Cantad!

Y ellos cantaron. Pero se detuvieron nada más terminar la primera estrofa. Al cabo de una tímida pausa, una voz no menos temblorosa entonó el estribillo y esperó un buen rato hasta que los otros se le unieron. La melodía no lograba animar ya esos pies pesados, que se acercaban cada vez más al lugar de su exilio. El mismo exilio les salía al encuentro. Habían dejado detrás de ellos, muy lejos, el ferrocarril, los caballos, los coches y los hombres. El cielo se combaba sobre la tierra plana como una bóveda de plomo gris soldada en sus márgenes. Se hallaban encerrados bajo el cielo. En la cárcel sabían al menos que sobre los muros se arqueaba un cielo. Aquí, en cambio, la misma libertad era una cárcel. Aquel cielo de plomo no tenía rejas que permitiesen suponer otro cielo, esta vez de aire azul. La vastedad del espacio enclaustraba aún más que una celda.

:: Der stumme Prophet [El profeta mudo] de Joseph Roth (1929).- 


17.11.12

LA VOZ DE UNA ANCIANA



Hace tres años, antes de partir para Zúrich, llamé por teléfono a  Canetti, esperando que en aquellos días estuviera en casa y me fuera posible volver a verlo. Como nadie respondía, probé a llamar al número de su viejo apartamento de Londres, la ciudad en la que había vivido oscuro e ignorado durante tantos años -desde 1939, después de haber abandonado la Viena ocupada los nazis- y donde lo había conocido. La voz de una anciana señora inglesa, una vez oído mi nombre, me dijo amablemente que el señor Canetti vendría de inmediato y, en efecto, un instante después él se ponía al teléfono, cordial y afectuoso, y me decía que se había retirado a Londres por unas semanas, lejos de la familia, para terminar un libro -la autobiografía- y, sobre todo, para estar solo. Es más -añadió después de una pausa-, discúlpeme, ¿sabe?, yo mismo contesté al teléfono hace un momento, cuando usted pidió hablar conmigo.-

:: De Claudio Magris sobre Elias Canetti.-

16.11.12

SE FIJÓ EN LAS PUNTAS



Mi hermano dijo que yo entonces estaba sentado frente a la estufa y miraba fijamente el fuego. Antes del amanecer, cuando aún llovía, él había llegado hasta la colina por la parte de atrás; sin mirar, había franqueado la alambrada de la dehesa y el alambre le había rasguñado la cara, había descendido corriendo por el campo, que por aquel entonces ya era terreno baldío, y el barro y las hojas marchitas caídas de los árboles se le habían pegado a las suelas, después, paso a paso, se había encaminado hacia la casa, al llegar a los árboles se había echado a correr otra vez, había corrido por la hierba y por el camino, sin detenerse, con los pies mismos se había quitado en la hierba húmeda que bordea el camino el barro acumulado a derecha e izquierda de las suelas y, siempre a la carrera, había seguido el muro hasta llegar a la pila de leña, había puesto un pie entre los leños, primero agachado —la cabeza más baja que el cuello— y después erguido —la cabeza sobre el cuello— se había encaramado a la pila y, al subir, ya había mirado a través del doble cristal de la ventana y había visto algo aquí dentro, había visto algo que estaba sentado, había visto a alguien en camisa que estaba sentado frente al fuego, me había visto a mí aquí dentro sentado sobre la cama frente al fuego. Dijo que bajo la camisa hecha jirones yo tenía los hombros echados hacia delante, como si quisiera juntarlos, y que entre los finos pliegues de la tela gastada, los cuales, partiendo de ambos lados del arco dentado que era mi columna vertebral, se extendían hasta la parte superior de los brazos, se podía distinguir la piel oscura que, combinada con la tela clara, cubría mi espalda con un estampado blanco y negro; los brazos entrecruzados estaban tan apretados contra el pecho y yo tensaba mi propio tronco con tal fuerza que Hans veía cómo las puntas de los dedos —blancas hasta la mitad de las manchadas uñas— se iban hundiendo en la camisa; como dijo él, cuanto más oprimía mi cuerpo con los brazos, tanto más se clavaban las uñas en mi piel y estiraban no solo la tela, sino también la piel que recubre las costillas. Sin embargo, yo no me movía; con la cabeza gacha y los hombros encogidos hasta casi rozar las orejas permanecía sentado —mitad en el hueco del colchón de paja, mitad sobre el borde de la cama—, con las piernas de través apoyadas contra los cantos del arca abierta que contenía la pala y los pedazos del carbón, y miraba fijamente el fuego.
Al principio me tomó por otro. Rápidamente buscó con la mirada la cama en la que, en otro tiempo, él había dormido con el segundo hermano, pero estaba vacía. Durante un buen rato se quedó mirando la cama vacía: en la almohada, dijo, parecía que se dibujaba la silueta de una cabeza, sin embargo, seguramente se trataba del efecto de las sombras del fuego proyectadas en la pared.
Sus miradas regresaron a los ojos, volvieron a salir y otra vez me miraron. Se fijó en las puntas de los dedos que se curvaban como garras y en las uñas manchadas de resina. Vio la piel de la mano agrietada, recubierta de barro seco y cuarteado. Apartó la mirada. Miró un instante  hacia la puerta. Sus ojos buscaron refugio en las brasas ardientes cuyas grietas y hendiduras absorbían y expelían la corriente cálida de aire en una continua alternancia de viento y calma. Enseguida quitó la vista del fuego y, arrastrando toda su cara por el cristal, miró hacia el borde del muro sin que, no obstante, desde aquí dentro se pudiera oír el ruido de la mejilla aplastada contra el cristal de la ventana doble.-

:: Die Hornissen [Los avispones] de Peter Handke (1966).-

9.10.12

EN ESTE PRESENTE ABSOLUTO



El éxodo es eso, una corriente que deja atrás a su paso todo lo que toca, que expurga el antes y elimina el después  en un continuo de pasos que se autodevoran a ritmos desparejos, que abandona el punto de partida sin compasión por el origen, como si esta vez sí, de una buena vez,  no hubiera retorno y tuviéramos que obedecer a unas leyes de progresión y supervivencia de la especie humana que ahora dice “no te detengas”, “acompásate a la marcha de tus congéneres”, “no pierdas pie en este presente absoluto de la marcha hacia lo desconocido que puede ser la vida, o la libertad” y otras consignas a tono con la gravedad del momento que es salir de París hacia el sur, en el medio de la guerra, huir de los alemanes, siempre huir de los alemanes. Berlín antes, París ahora; apenas se sale de ellas y ya se sabe que harán el mito de la ciudad perdida. En una el origen negado, en la otra el arraigo imposible. ¿Cuál ciudad, cuál país? Como el extranjero de Baudelaire que ignoraba donde situar su patria, lo que soy y he sido tiene la inmaterialidad de unas nubes que sólo estaban para hacer paisaje y contraste sobre el azul, y que aun sólo siendo eso tan leve han desaparecido del cielo desde hace días. Un toque apenas sin ninguna insinuación de tormenta entre los edificios, un blanco que era luz que se encendía también para Jeanne alguna vez desde esa puerta, una dilución de blanco en la altura que ahora parece haber sido borrada por el negro inmisericorde del humo. Era nube y soy humo. Y abajo la tormenta se forma, como si, por una misteriosa operación de trueque, las verdaderas nubes, las que suelen cargarse de chubasco y trueno, las que oprimen dentro de sí el granizo y el relámpago, hubieran descendido por debajo del horizonte y fueran sólo recuerdos de una nube, unos vellones que se dejan caer sobre el negro. A ras del suelo la conjunción de color, olor, sudor, torpor hace cuerpo: una franja oscura de cuerpos en movimientos, con trazos fuertes y disciplinados que convergen desde las calles hasta la avenida central.-

:: Yo nunca te prometí la eternidad de Tununa Mercado (2004).-
:: Fotografía de Walter Benjamin en una biblioteca de París.-

5.10.12

HOMBRE SENTADO AL BORDE



                                          Sentado, en el hombre que respira a su lado puede reconocerse, sonda que averigua entre canteros próximos al anochecer, acercarlo a sus ojos, leerse en él, enseguida luego, casi enseguida, desbaratarlo, convertirlo en ese poco de aire en torno de la estatua, eternidad inventada

                                              su borrador. Hombre sentado al borde de hombre –su espera de cuáles cosas. Como él ofertado a ternuras.  Y el chorro español y él mismo ajenos a las leyes del lugar, peregrinos de un erial, cumpliendo menesteres de escasa, de ninguna relación con las costumbres de lugar: despachar agua de la mañana a la noche, ser página de un libro, agregarle un verso a un poema escrito hace siglos, probar palabras en un lugar reservado al crepúsculo.-

:: El hombre de Luxemburgo de Arnaldo Calveyra (1998).-

8.9.12

GRIS



De la piel de serpiente
al temeroso topo
todo gris se distrae por las cúpulas...

Como una proa rubia
de estrella a estrella se despide el sol
y se encapota bajo el emparrado...

Como una frente cansada la noche
reaparece
en el hueco de una mano... -

* * *

Dalla spoglia di serpe  / Alia pavida talpa / Ogni grigio si gingilla sui duomi... // Come una prora bionda / Di stella in stella il solé s’accomiata / E s’acciglia sotto la pérgola... // Come una fronte stanca / É riapparsa la notte / Nel cavo d’una mano...-

:: Ogni grigio [Todo gris] de Giuseppe Ungaretti (1925).-

7.9.12

SE VE A SÍ MISMO



Aquella noche vio a un hombre de pie, firmemente atado en la terraza de un templo. Con sendos palos de madera se defendía de dos jaguares que, erguidos sobre sus patas traseras, lo atacaban ferozmente por la derecha y por la izquierda. Los dos estaban engalanados con extrañas cintas multicolores. Mostraban los colmillos, rugían y hacían girar los ojos con tal violencia que su aspecto producía escalofríos. El cielo, negro y opresivo, se había guardado sus estrellas en el bolsillo. De los ojos del cautivo manaban bolas de cristal que se hacían añicos al caer al suelo. Pero como no ocurría nada más, uno acababa acostumbrándose al cruel combate y bostezaba. De pronto, la mirada recayó por casualidad en los pies de los jaguares: eran pies humanos. ¡Ajá!, pensó el espectador, un señor alto y muy culto: son sacerdotes inmoladores del antiguo México, y están representando una comedia sacra. La víctima sabe muy bien que ha de morir. Los sacerdotes se han disfrazado de jaguares, pero yo lo he notado enseguida.
En ese instante, el jaguar de la derecha coge una pesada cuña de piedra y se la hunde a la víctima en pleno corazón. Una de las aristas le hace una profunda incisión en el pecho. Ofuscado, Kien cierra los ojos. Piensa que el chorro de sangre salpicará hasta el cielo y condena ese acto de barbarie medieval. Aguarda a que la sangre se haya restañado y abre los ojos. Horror: del pecho abierto de la víctima surge un libro, luego otro, y un tercero, ¡muchos! El desfile continúa: al caer al suelo son consumidos por viscosas llamaradas. La sangre había encendi­do una hoguera y los libros ardían. «¡Ciérrate el pecho!», grita Kien al prisionero. «¡Ciérrate el pecho!» Gesticula con las manos: que lo haga así, pero ¡rápido, rápido! El prisionero entiende. De un violento tirón se libera de sus ataduras y se lleva ambas manos al corazón; Kien respira aliviado.
De pronto, la víctima se abre el pecho hasta dejarlo totalmente al descubierto. De él brota un torrente de libros: docenas, cientos, un número infinito de libros. El fuego lame el papel; todos imploran auxilio; un agudo griterío se eleva de todas partes. Kien estira sus brazos hacia los libros, que han empezado a arder. El altar está mucho más lejos de lo que creía. Da un par de zancadas y no se aproxima. Tendrá que correr si quiere llegar a tiempo. Echa a correr y tropieza: ¡ese maldito jadeo! ¡Eso le pasa por descuidar su cuerpo! ¡Se lo haría trizas de pura rabia! Un hombre inútil; justo cuando lo necesitan, no funciona. ¡Esas malditas bestias! Había oído hablar de sacrificios humanos, pero ¡de libros, de libros! Ya está casi al pie del ara. El fuego le chamusca cejas y cabellos. La pira es gi­gantesca, de lejos le había parecido pequeña. Tienen que estar en medio de la hoguera. ¡Venga, salta ya! ¡Cobarde, presumido, desgraciado!
Pero ¿por qué se insulta si ya está entre ellos? ¿Dónde estáis? ¿Dónde estáis? Las llamas lo ciegan. ¿Qué diablos significa esto? Al estirar las manos toca seres humanos que aúllan y se aferran a él violentamente. Él los rechaza, pero ellos vuelven. Se le acercan reptando y se abrazan a sus rodillas. De lo alto llueven sobre él antorchas encendidas. Aunque no alza la mirada, las distingue claramente. Se le cuelgan de las orejas, los cabellos y los hombros. Lo encadenan con sus cuerpos. ¡Qué estrépito tan enloquecedor! «¡Soltadme, soltadme!», ruge, «yo no os conozco. ¿Qué queréis de mí? ¿Cómo puedo salvar los libros?»
Pero uno le salta de pronto a la boca y se aferra a sus labios apretados. Querría seguir hablando, mas no logra abrir la boca. Implora mentalmente: ¡Que se me queman! ¡Que se me queman! Querría llorar, pero ¿le quedan lágrimas? Sus ojos permanecen cruelmente cerrados, algunos hombres también se han aferrado a ellos. Intenta dar un paso y levantar la pierna derecha: ¡en vano! Esta vuelve a caer pesadamente, cargada de gente en llamas, cargada de plomo. Aborrece aquellas criaturas ávidas y nunca hartas de la vida; las odia. ¡Cómo quisiera humillarlas, torturarlas, insultarlas! ¡Pero no puede, no puede! En ningún momento olvida para qué está allí. Le mantienen los ojos cerrados a la fuerza, pero la visión de su espíritu es muy poderosa. Ve un libro que crece por todos sus lados y acaba colmando cielo y tierra, el espacio entero hasta el horizonte. Lenta y pacientemente, una brasa rojiza va devorando sus márgenes. Y él soporta su martirio en silencio y resignado. Los hombres no paran de chillar, el libro arde sin decir nada. Los mártires no gritan, los santos tampoco.
De pronto, una voz que todo lo sabe y es la voz de Dios, proclama: «Aquí no hay libros. Todo es vanidad». Kien nota enseguida que la voz dice la verdad. Con gran facilidad se sacude de encima la chusma en llamas y sale de la hoguera. Está a salvo. ¿Le ha dolido mucho? Ha sido infernal, se responde, pero menos terrible de lo que suele pensarse. La voz lo ha puesto contentísimo. Se ve a sí mismo alejarse del altar bailando. Al llegar a cierta distancia, se vuelve. Le apetece reírse de aquella hoguera vacía.-

:: Auto de fe [Die Blendung] de Elias Canetti (1935).-

30.8.12

LA LENGUA



En un paisaje de música,
en un lenguaje sólo de luz,
en una gloria
que la sangre
con la lengua del anhelo se ha encendido,

allí donde las pieles,
ojos, horizontes,
donde mano y pie
ya están sin signos,

allí donde el olor del árbol de sándalo
ya sin madera fluye
y sigue cultivando aliento en aquel espacio,
que sólo está hecho de umbrales traspasados —

Aquí donde un paño de tarde roja
al toro de la vida incita
hasta la muerte,

aquí yace mi sombra,
una mano de la noche,

que con el espíritu de caza del cazador
ha disparado
al rojo pájaro de la sangre.-

* * *

In einer Landschaft aus Musik, / in einer Sprache nur aus Licht, / in einer Glorie, / die das Blut / sich mit der Sehnsucht Zunge angezündet, // dort wo die Häute, / Augen, Horizonte, / wo Hand und Fuß / schon ohne Zeichen sind, // dort wo des Sandelbaumes Duft / schon holzlos schwebt / und Atem baut an jenem Raume weiter, / der nur aus übertretnen Schwellen ist - // Hier wo ein rotes Abendtuch / den Stier des Lebens reizt / bis in den Tod, // hier liegt mein Schatten, / eine Hand der Nacht, // die mit des schwarzen Jägers Jagegeist / des Blutes roten Vogel / angeschossen hat.-

:: Nadie sabe [Und niemand weiss weiter] de Nelly Sachs (1957).-