25.2.12

DISEÑO DE DÍAS DE SUEÑO



El humo de su habano surgió azul como de esa pistola humeante con que el asesino acaba de disparar certero. La víctima no había caído todavía, iba cayendo sin vida, caída como caen los cuerpos muertos. Aun los buenos cuerpos. Mientras, frente a la iglesia clausurada la lluvia azotaba los arbolitos indefensos y hacía pocetas en la plaza: llovía ahí afuera, llovía ahora en La Habana, llovía en Cuba. Llovía en todo el hemisferio occidental. Lluvia aburrida pero perenne. Tarde de tedio. Tedio de todo. “Tedio, te odio”.
   —¿Qué cosa es?
   —¿Qué cosa es qué?
   —Lo que dibujas.
   —No es un dibujo. Es un diseño de días de sueño.
 —Parece una casa.
 —Parece una casa pero es una prisión en la que todas son casas.-
Ella se sintió incómoda y comenzó a ponerse de pie.
 —¿Nos vamos?
 —¿No estás viendo que está lloviendo que estoy yo viendo?
Pero ella tenía más sentido del amor que del humor:
—Y va a llover toda la santa tarde, toda la noche y la madrugada –dijo ella y se puso finalmente de pie.
 —¡Siéntate! –ordenó él casi con furia-. Por favor. Siéntate y oye que te voy a contar un cuento.-

:: En el gran ecbo de Guillermo Cabrera Infante (1995).-

15.2.12

QUIETUD



Con esa arista lejana e incierta
hay una guerra
infesta de quietud,
otro registro del tiempo
un dominio de lucha.-

La voluntad se pone de pie
sólo por la gracia la piel rosa,
su travesía en el tiempo
la novedad y la vejez
en el mismo dulce vino.
Llega el instante lumínico
y el concepto malogrado de la belleza
vivir fuera,
formas breves.-

Y la piel rosa es
igual que la guerra,
obstinada en explotar el orden
como la guerra
sobre todo su: ¡Avanzar! su ¡Adelante!

La piel ya no es, rosa
como cuando se interrumpió
en la fotografía,
y al erotismo la boca
la gota de la consciencia malsana
la humedad exactamente nada,
formas breves.-

Fue poco el tiempo
del deseo desnudo.
La arista permanece
dulcemente proyectada
sobre un mundo virtual.
La arista no es,
sólo la piel rosa
y la guerra
sino su vivir fuera
desnuda.-

El amor nunca fue, afuera
la piel rosa todavía no es, bella
el deseo no se fija
y la voluntad de pie
se marcha a la guerra,
necesita en su forma breve
desnudarse.-

La soledad es, carne viva
de lo negativo
El amor no es,
menos es la verdad
algo extendida la belleza,
si pudiese el cuerpo
acoplarse en otro.
Y la arista cambia de forma,
de pie
la voluntad
infesta de quietud.
Formas breves
del encanto, no es.

Vivir fuera.-

:: Naked Man with Rat, óleo de Lucien Freud (1977-78).-

12.2.12

REPENTINA PENUMBRA AZUL




El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. Por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

:: “No se culpe a nadie”, en Final del Juego de Julio Cortázar (1956).-

11.2.12

LAS HOJAS




Quietud
Tampoco

Cartas a todo
Solía ser azul
En el mismo espacio
En todas mis venas
Piedras preciosas

La vastedad, que se pierde
Desiertos verticales
La narcosis
El linaje de las hojas

Me miro
El cuerpo transpirado
Inmóvil
Música absurda
Pero ya hay luz

Tierra que se torna luz
Dejar este mundo
En presente estrictamente
Ansiedad
Otro lado del agua
En la luz

Nadan por el aire
La cabeza vuelta
La luz se inyectó en el acero
Separado del cuerpo
La penumbra
Un proyecto para el sol

Eyes to me

La poca claridad
Bajo la luna
Infinitamente semejantes
Enloquecido de la luz
Entonces creció el silencio
Disponía la piel
Iluminarnos para siempre
El tiempo estaba preparándose
El barco del amanecer
Me arrojan de la noche
Ese mismo río

La inexactitud del sentimiento
A la hora del perderse
Arder detrás del mundo
La letra impresa

Avanza equivocado
Por una evasión imposible
Un fluido
Devora la vida
Mi lucha con el sol

La realidad se pone de pie
Se obstina
La oscuridad de los trabajos
La maquinaria aceitada
Una nube que se estremece por dentro
Noches enteras

Nacido de la literatura
Dormía en los labios
Herejía
La luz del día naciente y el sol
De cette après-midi qui n’a jamais de fin!
Acero de esta luz
Irrealidad

Que se atreva
Abrir la boca
La piel azulada
Sobre los cabellos que comienzan
Bajo su animal simplicidad
Il pleure sans raison

¿Qué es un fantasma?
Del cuerpo vivo
La herida abierta de su boca
Página ilegible
Monstruosa carne
De la nostalgia
Mueca sardónica
Dos ojos ten dan cuerpo
De construir mi alma
Infinita inmensidad
Hasta el origen del mundo

Forma que dar
Su lenguaje
Horadar los ojos
Tangos infames
El medio y el sin final
My sudden adoration
No man is a island

A pesar de que la luz no acaba de irse
Transita

Canto fúnebre en la boca
Digo vacíos
Décima de segundo

Iké te trae por acá?

Debajo
Humanas
De le juger

Sino un animal
Murmuraciones
Ramas del paraíso
Semillas
Obscurcit mes veines

El que yo soy
Vasta agitación
Aullido interminable
Donde me he dejado
Reines Licht

La violencia tanto del dolor como de la alegría
Sweet poison for the age´s tooth
Del recuerdo a la voz
Una puerta abierta sobre el vasto cielo

Complicada geometría
Explotar el orden
Ojos nuevos
El dinero grita su deseo
Se viste
Directamente vivo
Temps

¿Se le perdió algo?

Ver y mirar
El dinero
Necesito graficar
Viraje y repetición
Nuevo
Color

Una lenta impaciencia
Llegar
Nunca he visto
Aires que corren
Las aspas ruedan
Ahora llueve, calla

Poema 12

Calma... existe la tragedia
L’amitie
Desacorde
Calar, mar y luna
Sacerdotes y burócratas
Acorde de fin de día
Arbre

El principio
Y no miro ya, solo
A plenos pulmones
De entre sus raíces
Uno.-

::  Especie de “cadáver exquisito” en base a las entradas del blog.-
:: Stroboscopic image of ballerina Nora Kaye de Gjon Mili (1947).-