31.3.12

RETORCER EL ESPÍRITU



Julio, 1985


Basta de mar relamido.
y de playas que exploran
Estos fracasos pueden voltear
En cambio inocentes la bola imploran
no quieren llorar
lo podrido
pero allí se demoran
Un poco descosido
Al mar: —¡Hola!


Esa tarde éramos tres con el enigma: una sola pija.
Pero no quiero apresurarme.
Es mi propósito
un versificar tranquilo
aunque alguna rima inevitable
venga a retorcer el espíritu
de estas-ya
cortadas líneas
con su aire ya
de artefactas
(frías)
“car-ca-ja-das”

:: Basta de mar relamido de Osvaldo Lamborghini (1985).-
::  Jeune berger assis óleo de Hippolyte Flandrin, detalle (1834).-


9.3.12

EL SUEÑO INVENTA


Sueño que soy cristiano. No es algo que alguien me diga ni es tampoco una cosa que piense yo, es decir ese yo que el sueño inventa, sino que se desprende de las circunstancias que se presentan en el desarrollo del sueño. Y que son las siguientes: unos romanos (unos tipos envueltos en sábanas, lo que aquí significa romanos) disponen de mí y me arrojan a la arena de un circo desierto. Las tribunas están vacías, pero al mismo tiempo yo tengo la idea de que están repletas de espectadores pendientes. Quedo solo ahí, en el silencio, un silencio que al principio parece ser el preludio de los acontecimientos pero luego, porque dura, y en el sueño duración no implica duración sino la idea de duración, re­vela su más verdadera naturaleza, que es la de ser nada. Entonces yo, cristiano por arrojado a la arena, me digo en el sueño: no va a pasar nada. Y me calmo, me calmo yo diría de verdad, es decir no solamente en lo soñado sino también al soñarlo, y reposo en la arena como si se tratara de una playa sin mar y no de un circo romano. Las gradas siguen vacías, pero la idea de que hay público y me mira sigue también. Y entonces, claro, de repente, sin sorpresa, majestuoso, muy callado, viene el león. Es un león plateado que no me mira y sin embargo se dirige a mí. Me ronda un poco y por fin se queda quieto. En esa quietud se desentien­de y casi me olvida, o en todo caso decide congeniar en la arena conmigo haciendo lo mismo que yo: estarse ahí, dar­se al reposo. Yo pienso mientras tanto que, si me mantengo tranquilo, con este aire sosegado y casi ausente que adopté, no va a pasarme nada. Lo pienso en el sueño y a la vez res­pecto del sueño. Es casi una recomendación que yo me doy desde un mundo hacia el otro: quedarme quieto, sereno, levemente distraído, olvidado del león, sin mostrar ni tener inquietud, apaciguado, ajeno. Me doy esa recomendación y la acato, y hasta me regocijo con mi buena astucia y con sus buenos resultados. Y sin embargo, no sé por qué, de esa manera un poco arbitraria en que las cosas que están fun­cionando dejan de pronto de funcionar, se oye en el sueño un rugido cavernoso y es el león, el león plateado y lateral que se para en dos patas y se viene sobre mí con la intención inconfundible del ataque.
El aro del circo está perfectamente cerrado, por lo que el único recurso que me queda para escapar es despertarme.

:: Bahía Blanca de Martín Kohan (2012).-
:: De la Serie Skull de Andy Warhol (1976).-