30.8.12

LA LENGUA



En un paisaje de música,
en un lenguaje sólo de luz,
en una gloria
que la sangre
con la lengua del anhelo se ha encendido,

allí donde las pieles,
ojos, horizontes,
donde mano y pie
ya están sin signos,

allí donde el olor del árbol de sándalo
ya sin madera fluye
y sigue cultivando aliento en aquel espacio,
que sólo está hecho de umbrales traspasados —

Aquí donde un paño de tarde roja
al toro de la vida incita
hasta la muerte,

aquí yace mi sombra,
una mano de la noche,

que con el espíritu de caza del cazador
ha disparado
al rojo pájaro de la sangre.-

* * *

In einer Landschaft aus Musik, / in einer Sprache nur aus Licht, / in einer Glorie, / die das Blut / sich mit der Sehnsucht Zunge angezündet, // dort wo die Häute, / Augen, Horizonte, / wo Hand und Fuß / schon ohne Zeichen sind, // dort wo des Sandelbaumes Duft / schon holzlos schwebt / und Atem baut an jenem Raume weiter, / der nur aus übertretnen Schwellen ist - // Hier wo ein rotes Abendtuch / den Stier des Lebens reizt / bis in den Tod, // hier liegt mein Schatten, / eine Hand der Nacht, // die mit des schwarzen Jägers Jagegeist / des Blutes roten Vogel / angeschossen hat.-

:: Nadie sabe [Und niemand weiss weiter] de Nelly Sachs (1957).-

29.8.12

MURAMOSNÓS



RAULITO
Más allá del conventillo y
de las sombras de arrabal,
más allá del matadero
donde el río llega al mar,
hay quilombo que de chica
me gustaba frecuentar.
¡Las mujeres eran hombres!

CACHAFAZ
¡Tiempos que no volverán!

RAULITO
Cachafaz, ¿te quedan fuerzas
para el último compás?

CACHAFAZ
Siempre hay fuerza para el último,
¡quién sabe el de más allá!

RAULITO
¡Ya no habrá más más allá!
¡Ni mucho menos acá!
¡No habrá tiempo ni memoria
ni lugar ni pozo ciego
donde nos recordarán!

CORO DE VECINAS
¡Vergüenza de matadero,
deshonra del conventillo, ni las sombras quedarán!

(Metralla.)

RAULITO
¡Ay, qué dulce que es la muerte,
me olvidé del conventillo!
Y vos, Cachafaz, ¿ves algo?

CACHAFAZ
Querida, nunca vi nada.
Nunca supe de infinito
sino en brillo ’e puñalada.
Y yo aquí me estoy muriendo.

RAULITO
Yo también, muramosnós,
se está levantando el viento.-

:: Cachafaz de Copi (1987).-

22.8.12

SORBE



Caminando torpemente entra un gran pájaro de aspecto estrafalario, plumas desparejas, patas voluminosas, una más ancha que la otra. Se detiene, mira hacia los costados. Pensativamente, se rasca la cabeza. Afligido, comienza a hablar con voz muy triste, a un interlocutor solidario, que es el público.

-No hay normales. Yo podría tener una esperanza, si hubiera normales. Podría seguir como siempre, posado en una ramita, balanceándome, mirando pasar las nubes... (Bruscamente, pega con la pata en el suelo. Mira) Una lombriz. (La aplasta cuidadosamente) Pero ya no. Me siento solo. Envejezco. Pierdo el pelo (hace un movimiento y vuelan unas plumas), tengo caspa, se me aflojan los dientes. ¡Pero es normal! Hubiera podido casarme, tener hijos. Hice vender la pajarera. Yo no entraba. Miraba desde afuera y los pajaritos dándose la gran vida: las cubeteras con agua, el alpiste. Sólo gastos. ¿Y qué pasó? ¿Aprovecharon la libertad, el cambio? ¿Se divirtieron? No. A la primera helada: resfríos, pulmonías. Panza arriba, patas duras. Los canarios primero. ¿Y si hubieran vivido en Ushuaia, en medio de la nieve? ¿O en el Polo? Vivir en el Polo es un problema, ¡esos son problemas!, no quedarse sin pajarera. (Pisa) Un ciempiés. (Mira, pisa rápidamente otra vez) Otro. Estos animalitos me preocupan. ¿Qué hacen con tantas patas? ¿Bailan, caminan más ligero, transportan algo? No. Nunca los vi llevar ni una bolsa en el lomo. Son egoístas. Sólo piensan en cómo arrastrarse con el mínimo esfuerzo. Los demás, que revienten. Una vez intenté ayudarlos -todavía los quería-, les arranqué las patas, noventa y ocho para que fueran normales, ¿y de qué me sirvió? ¡De nada! (Sorbe) Así me va. Ni agradecimiento tuve. ¡Nadie me quiere! Otro hubiera podido ser mi destino. Como un patriarca, rodeado de hijos. «¿Cómo estás, papá?». Un beso en la frente. (Sorbe) Y ella, cebándome mate (Suspira raudamente) ¿Y el palomar? Las palomas cagan todo. Lo hice vender. Está más limpio. Ni los árboles son normales. Pierden las hojas, ensucian el patio, y uno con la escoba, ¡con la escoba barriendo todo el día! Pasé un otoño de mierda. Saqué los árboles, vendí la leña. Había tanta que la vendí en un remate Fue un regalo, se aprovecharon de mí. ¡Qué sufrimiento! Inútiles. Las palomas. (Aplasta con la pata. Mira) Una chinche verde. Ni siquiera eran palomas mensajeras, llevando partes de guerra de aquí para allá, de allá para aquí. De las Malvinas a Buenos Aires, de Buenos Aires al Golfo Pérsico. Ahora está el télex, la fibra óptica. Se quedaron sin trabajo. Igual querían el palomar ¿Para qué? El palomar no producía y lo cagaban todo. Y aparte de esto, ¿qué hacían todo el día? Picoteaban basura, se alzaban con lombrices. (Ultrajado) Y lo otro, que todos sabemos. (Burdamente, imita el arrullo de las palomas) Delante de cualquiera. ¡Qué ejemplo para los chicos! Miraban y ¡cuac!, perdían la inocencia. No es normal. Un patriarca. Eso hubiera podido ser, con largas patillas. En cambio... Todos los pajaritos se han vuelto afeminados, caprichosos... haraganes.
(Ve volar algo, alarga la pata, la retrae como si se la picaran, la estira de nuevo, con éxito. Torpe, pero cuidadosamente, empuja lo que cazó bajo la pata) Abeja. (Aplasta y mira) Sí, abeja. Pican, tienen un aguijón. Quieren vivir ociosamente, no les gusta levantarse temprano, tomar el ómnibus. Prefieren quedarse calentitos entre las sábanas o en verano disfrutando del fresco en la puerta de calle. Sólo placeres. Sacrificios. No saben qué es un sacrificio. Yo les prometí una pajarera mejor, un palomar mejor. Siempre que fueran normales. No es mucho pedir. Pero ciegos y sordos. Van en bandada haciéndome manifestaciones. Pisotean la Plaza de Mayo, ¡graznan! (A punto de llorar) ¿Qué me importa? De un oído me entra y del otro me sale. Soy normal. En cambio, ellos... (Aplasta con la pata) Una oruga. Otro hubiera podido ser mi destino, yo posado en la ramita, mirando pasar las nubes, la brisa acariciándome la frente. Un patriarca, eso hubiera podido ser. Y ella, cebándome mate. ¡Qué tristeza! (Llora) No hay normales. Todos distintos. Todos dándose la gran vida: gorriones, palomas, abejas... ¡lombrices!... Envejezco. ¿Con quién formaré un hogar digno? No hay normales.
(Después de un momento, lanzando fuertes ¡cuac! de furia, pisa y pisa descontrolado con la pata).-

:: No hay normarles de Griselda Gambaro (1990).-

9.8.12

LA POSIBILIDAD


Como a vos anotar, a él lo que más lo calentaba era hacer esas cosas: cambiar, juntar, hacer que agrandaran los lugares y mandar.

–Yo, anotar, no... a mí, ¡saber! -dijo mi voz grabada en el casete.

–Bueno, como a vos anotar y saber, a él lo calentaba hacer esas cosas. Al comienzo, a nadie se le hubiera ocurrido juntar tanto carbón, tanto paño de carpa, mantas, raciones, ropa vieja. Ni a Viterbo, el otro Viterbo, el que empezó, ni al Sargento, ni a mí ni al Ingeniero se nos hubiese cruzado la idea de juntar tantas cosas y tan lejos del pueblo. A él sí. Él precisó juntar. O primero necesitó la guerra y la posibilidad de mandar, para que le naciera aquella idea de juntar y cambiar. Si hasta a los que lo conocíamos desde antes nos llamó la atención: antes de mandar, antes de pelear, nunca le habían salido aquellas ganas.
Es que el miedo suelta el instinto que cada uno lleva dentro, y así como algunos con el miedo se vuelven más forros que antes, porque Ies sale el dormido de adentro, a él le despertó el árabe de adentro: ese instinto de amontonar las cosas y de cambiar y de mandar.
Solo no. Solo no hubiera podido ni se le hubiera ocurrido hacer como hizo. Solo hubiera ido con la corriente y hubiera terminado como los otros, helado, o muerto de frío en una trinchera mal dibujada. Pero el miedo, los otros y la ocasión de mandar lo convirtieron y le hicieron salir el árabe. Y el que lo veía mandando, cambiando y almacenando cosas ni pensaba que atrás de todo eso estaba el miedo. Pero es el miedo el que está atrás mandándote, cambiándote.

:: Los pichiciegos de Fogwill (1983).-