9.10.12

EN ESTE PRESENTE ABSOLUTO



El éxodo es eso, una corriente que deja atrás a su paso todo lo que toca, que expurga el antes y elimina el después  en un continuo de pasos que se autodevoran a ritmos desparejos, que abandona el punto de partida sin compasión por el origen, como si esta vez sí, de una buena vez,  no hubiera retorno y tuviéramos que obedecer a unas leyes de progresión y supervivencia de la especie humana que ahora dice “no te detengas”, “acompásate a la marcha de tus congéneres”, “no pierdas pie en este presente absoluto de la marcha hacia lo desconocido que puede ser la vida, o la libertad” y otras consignas a tono con la gravedad del momento que es salir de París hacia el sur, en el medio de la guerra, huir de los alemanes, siempre huir de los alemanes. Berlín antes, París ahora; apenas se sale de ellas y ya se sabe que harán el mito de la ciudad perdida. En una el origen negado, en la otra el arraigo imposible. ¿Cuál ciudad, cuál país? Como el extranjero de Baudelaire que ignoraba donde situar su patria, lo que soy y he sido tiene la inmaterialidad de unas nubes que sólo estaban para hacer paisaje y contraste sobre el azul, y que aun sólo siendo eso tan leve han desaparecido del cielo desde hace días. Un toque apenas sin ninguna insinuación de tormenta entre los edificios, un blanco que era luz que se encendía también para Jeanne alguna vez desde esa puerta, una dilución de blanco en la altura que ahora parece haber sido borrada por el negro inmisericorde del humo. Era nube y soy humo. Y abajo la tormenta se forma, como si, por una misteriosa operación de trueque, las verdaderas nubes, las que suelen cargarse de chubasco y trueno, las que oprimen dentro de sí el granizo y el relámpago, hubieran descendido por debajo del horizonte y fueran sólo recuerdos de una nube, unos vellones que se dejan caer sobre el negro. A ras del suelo la conjunción de color, olor, sudor, torpor hace cuerpo: una franja oscura de cuerpos en movimientos, con trazos fuertes y disciplinados que convergen desde las calles hasta la avenida central.-

:: Yo nunca te prometí la eternidad de Tununa Mercado (2004).-
:: Fotografía de Walter Benjamin en una biblioteca de París.-

5.10.12

HOMBRE SENTADO AL BORDE



                                          Sentado, en el hombre que respira a su lado puede reconocerse, sonda que averigua entre canteros próximos al anochecer, acercarlo a sus ojos, leerse en él, enseguida luego, casi enseguida, desbaratarlo, convertirlo en ese poco de aire en torno de la estatua, eternidad inventada

                                              su borrador. Hombre sentado al borde de hombre –su espera de cuáles cosas. Como él ofertado a ternuras.  Y el chorro español y él mismo ajenos a las leyes del lugar, peregrinos de un erial, cumpliendo menesteres de escasa, de ninguna relación con las costumbres de lugar: despachar agua de la mañana a la noche, ser página de un libro, agregarle un verso a un poema escrito hace siglos, probar palabras en un lugar reservado al crepúsculo.-

:: El hombre de Luxemburgo de Arnaldo Calveyra (1998).-