10.10.14

INCLINARSE



La carne del sacramento es invisible carne y fantasmal 
sustancia,
Pienso yo.
Como cualquier cosa visible,
Siempre atraído hacia abajo, dispuesto a morir y ser 
asimilado.

Vasija de la vida, se dice, vasija de la vida hacia la nada, 
Luego reintegrada a lo visible.
Es eso, fragancia de primavera como lujuria en el huerto 
de estrellas florecidas,

El cuerpo sin cuerpo de la oscuridad comienza a trasminarse 
y emerge,
El mundo visto comienza a inclinarse,
Ahí donde permanezco, punto fijo e inquebrantable
bajo las olas del mundo.-

:: “Apologia pro vita sua” en Zodíaco negro de Charles Wright (1997).-

28.9.14

EN EL OSCURO CENTRO DE SU CUERPO

Toda plegaria es condena.-



El camino se sumergió en una hondonada. Cantaban abejas en los rastrojos y la hierba tenía un seco aroma de tierra adentro El hombre evocó recuerdos vividos y exactos. Quis viridi fontes induceret umbra: ¿Quién cubrirá la fuente con verde sombra?
[…]
Había aprendido a convivir con el dolor como se convive con un animal familiar pero traicionero. Lo imaginaba como un gato enorme que se afilaba las zarpas, arrastrándolas como fuego lento desde el hombro hasta el talón, para luego volver a agazaparse en el oscuro centro de su cuerpo. Lo habían apostado en el sector Yvebecques de la muralla del Canal de la Mancha como jefe de inteligencia militar. Era un puesto fácil, otorgado en deferencia a su afección. Mientras el dolor regresaba a su guarida, ese verso de Virgilio había cantado en sus contusos pensamientos. Con él se abrían las puertas de la memoria, y detrás de él dormitaban los verdosos tejados y los lentos canales del norte de Francia.
Más tarde ese año la bruma del Canal se había enrojecido en un tumulto salvaje. Pero durante el infierno que siguió, él llevó consigo el verso y la imagen de este lugar, una mano cerrada llena de silencio y agua, protegida del vendaval.

:: “No regreses jamás” en Anno Domini de Georges Steiner (1964).-

27.9.14

CON MI CARNE



La ciudad era un cementerio, y salvo las luces débiles de las esquinas, el resto estaba enterrado en la oscuridad. Cuando me puse a cruzar una esquina en diagonal, bajo la luz que dejaba ver las masas blanquecinas de la llovizna suspendidas en el aire, vi venir una figura humana en mi dirección. Fue emergiendo lentamente de la oscuridad, y al principio apareció borrosa por la llovizna, pero después fue haciéndose más nítida. Era un hombre joven, vestido con un impermeable que me resultó familiar. Era igual al mío. Venía tan derecho hacia mí que nos detuvimos a medio metro de distancia, exactamente bajo el foco de la esquina. Traté de no mirarle la cara, porque me pareció saber de antemano de quién se trataba. Por fin alcé la cabeza y clavé la mirada en su rostro. Vi mi propio rostro. Era tan idéntico a mí que dudé de estar yo mismo allí, frente a él, rodeando con mi carne y mis huesos el resplandor débil de la mirada que estaba clavando en él. Nunca nuestros círculos se habían mezclado tanto, y comprendí que no había temor de que él estuviese viviendo una vida que a mí me estaba prohibida, una vida más rica y más elevada. Cualquiera hubiese sido su círculo, el espacio a él destinado a través del cual su conciencia pasaba como una luz errabunda y titilante, no difería tanto del mío como para impedirle llegar a un punto en el cual no podía alzar a la llovizna de mayo más que una cara empavorecida, llena de esas cicatrices tempranas que dejan las primeras heridas de la comprensión y la extrañeza.-

:: Cicatrices de Juan José Saer (1969).-
:: Café Concert de Juan Pablo Renzi (1985).-

1.9.14

DEVOLVER LA HORA


X

Cantad pues, oh pájaros, ¡cantad una canción jubilosa! 
¡Dejad brincar a los jóvenes corderos 
como si siguieran el ritmo del tambor!
¡Nosotros nos uniremos con el pensamiento a vuestra multitud, 
vosotros que tocáis la gaita y vosotros que jugáis, 
vosotros que a través de vuestros corazones a diario 
sentís el regocijo de mayo!
Aunque el resplandor que una vez fue tan luminoso 
sea ahora retirado para siempre de mi vista, 
aunque nada pueda devolver la hora
del esplendor en la hierba, 
de la gloria entre las flores;
no lloraremos, sino que encontraremos 
fuerza en lo que queda atrás; en la comprensión original
que al haber sido una vez debe permanecer para siempre; 
en los lenitivos pensamientos que se levantan 
del sufrimiento humano; en la fe que mira a través de la muerte, 
en los años que traen la mente filosófica.

:: Oda: Insinuaciones de inmortalidad en los recuerdo de temprana infancia, de William Wordsworth (1806-1806).-

5.8.14

LA DISTANCIA NEUTRAL


Virar hacia el este, salir de las ricas sombras industriales
y el tráfico, toda la noche hacia el norte; virar hacia campos
tan ralos, cardizales, que no son ni prados,
y de vez en cuando un apeadero de sonido gutural, que acoge
obreros al alba; virar hacia la soledad
de cielos y espantapájaros, almiares, liebres y faisanes,
y la lenta presencia del río, ensanchándose,
cúmulos dorados, el brillo del barro pisado de gaviotas,

aboca a la sorpresa de una gran ciudad:
aquí, donde se apiñan cúpulas y estatuas, agujas y grúas
junto a calles salpicadas de grano, un agua poblada de gabarras,
y habitantes de feas urbanizaciones, que en furtivos
trolebuses han recorrido millas y millas
y ahora empujan grandes cristaleras rumbo a sus deseos:
trajes baratos, cacharros rojos, zapatos de puntera, polos,
batidoras eléctricas, tostadoras, lavadoras, secadoras:

gentes de saldo, urbanas pero simples, a cuya morada 
solo llegan vendedores y parientes, encerradas 
en una escena bucólica que huele a pescado, de barcos 
que van calle arriba, el museo de los esclavos, tiendas 
de tatuajes, consulados, severas mujeres de pañuelo en la cabeza; 
y más allá de una periferia que se levanta hipotecada 
campos de trigo altos como setos, sombreados por nubes veloces,
pueblos aislados, donde las vidas retiradas

la soledad clarifica. Aquí el silencio se alza como el calor. 
Aquí se espesan hojas inadvertidas, 
florecen ocultas malezas, se apresuran aguas olvidadas,
asciende un aire poblado de luz; 
y tras la distancia neutral y azulada de las amapolas 
acaba la tierra de pronto más allá de una playa de formas y guijarros.
Aquí la existencia no tiene límites: 
mira al sol, reservada, inalcanzable.-

:: “Aquí”, en The Whitsun Weddings de Philip Larkin (1964).-

30.7.14

FARDO


Nosotros, su carroza, sacamos de su tumba 
toda Badroulbadour dentro de nuestras tripas. 
Aquí va un ojo. Y aquí, una a una, 
las pestañas de este ojo y su párpado blanco. 
Aquí va la mejilla donde el párpado hundía, 
y aquí, dedo tras dedo, viene toda la mano, 
genio de la mejilla. Por aquí van los labios,
el fardo de su cuerpo y más allá los pies.
….................................................................

De su tumba sacamos toda Badroulbadour.-

* * *
Out of the tomb, we bring Bradroulbadour, / Within our bellies, we her chariot, / Here is an eye. And here are, one by one, / The lashes of that eye and its white lid. / Here is the cheek on which that lid declined, / And, finger after finger, here, the hand, / The genius of that cheek. Here are the lips, / The bundle of the body and the feet. / ... // Out of the tomb we bring Bradoulbadour.-

:: “Los gusanos a las puertas del cielo”, en Harmoniun de Wallace Stevens (1923).-

13.7.14

NO SÓLO YO


Sí, dijo el actor del Burg, levantándose de su asiento y disponiéndose a salir, y poniéndole a la Auersberger, que se había levantado con él, la taza de café en la mano, cómo odio en el fondo estas reuniones, que sólo se proponen criticar todo lo que significa algo para mí, arrastrar por el barro realmente todo lo que siempre ha tenido un valor para mí, y en las que sólo se explota mi nombre y el hecho de que soy actor del Burg, y cómo aspiro en realidad no tanto a la tranquilidad como a que me dejen realmente tranquilo. Sí, he pensado siempre, si hubiera nacido otro distinto del que en definitiva soy, y en general me hubiera convertido en otro distinto del que en definitiva me he convertido, si me hubiera convertido finalmente en alguien a quien se deja tranquilo. Pero para eso no hubiera tenido que nacer de mis padres, sino de otros totalmente distintos y haberme criado en circunstancias totalmente distintas, en la Naturaleza libre, como siempre he deseado, y no en la encerrada, en la Naturaleza en general y no en la artificiosidad. Porque todos nosotros nos hemos criado en la artificiosidad, en la locura irremediable de la artificiosidad, no sólo yo, que durante toda mi vida he sufrido por ello, dijo el actor del Burg de repente, todos los que estamos aquí, dijo, y se volvió hacia Jeannie y le dijo, también usted, querida, que me persigue con su odio y me desprecia. Se volvió primero hacia mí, sin decirme nada, y luego hacia Auersberger y dijo, a aquel Auersberger totalmente borracho que se había dormido en su sillón, que en general era una desgracia haber nacido, pero haber nacido para convertirse en un ser como el señor Auersberger era la mayor de las desgracias. Entrar en la Naturaleza y respirar en esa Naturaleza y estar en esa Naturaleza sólo realmente y para siempre como en casa era lo que él consideraba la mayor felicidad. Ir al bosque, adentrarse profundamente en el bosque, dijo el actor del Burg, confiarse totalmente al bosque, de eso se ha tratado siempre, el pensamiento de no ser otra cosa que Naturaleza,  Bosque, monte alto, tala, de eso se ha tratado siempre, dijo  de pronto irritado y quiso irse de una vez.-

:: Holzfällen -Eine Erregung [Tala] de Thomas Bernhard (1984).-

12.7.14

AFERRARSE


¿qué pasa cuando dos amigos pintan un cuadro? 
¿esa comunión los hace indistinguibles 
o cada pincelada lleva una firma una mano? 
la misma edad el mismo taller la misma ciudad 
crean una única palabra 
o pasada la ceguera amistosa del momento 
¿nadie dejará de señalar la voz y el color de cada uno? 
vemos lo mismo
pero nunca pintamos ni escribimos lo mismo
el recuerdo de dos jóvenes
escapando de sus maestros
aquí estamos aún lejos
del poder y de las mujeres
como niños tontos creyendo sólo en la pintura y en la poesía
quién pintó ese brazo que buscaba aferrarse
y aunque tiene un gesto gentil
el dedo es una garra
pero yo convertí la soberbia de Ícaro
en el desvalimiento de un empecinado
tiene los pies en la tierra
pero está entregado a la despedida
como los amigos de juventud
pasa de la luz a una total caída.-

:: Ícaro de Juana Bignozzi (2014).-

25.6.14

ÚLTIMO MOMENTO


Sólo la indicación temporal me ha hecho pensar un buen rato, pues me resulta casi imposible decir “hoy” aunque la gente diga o, mejor aún, tenga que decir “hoy” cada día; pero si alguien me cuenta lo que se propone hacer —hoy por no hablar de mañana—, no adopto una mirada ausente, como a menudo se piensa, sino una muy atenta, de pura perplejidad, ¡tan faltas de esperanza son mis relaciones con el “hoy”!, pues sólo puedo atravesar este “Hoy” angustiadísima y a toda prisa y, en medio de esa angustia, escribir o contar simplemente lo que en él ocurra; pues habría que destruir en seguida lo que se escribe sobre el “hoy”, tal como se rompen, arrugan y no se terminan ni se envían las cartas verdaderas, porque siendo de hoy no podrán ya llegar a ningún otro Hoy.
Quien haya escrito un día alguna carta aterradoramente suplicante para luego romperla y tirarla, sabrá mejor que nadie lo que entiendo aquí por “hoy”. Y ¿quién no ha conocido esos billetes casi ilegibles?: “Venga si es que quiere y puede, por favor. A las cinco en el Café Landmann”. O telegramas como éstos: “Por favor llámeme inmediatamente stop hoy mismo”, o “hoy es imposible”.
Pues Hoy es una palabra que sólo deberían utilizar los suicidas, para todos los demás no tiene el menor sentido, designa simplemente un día cualquiera, hoy precisamente tienen claro que, una vez más, habrán de trabajar ocho horas o tomarse el día libre, que harán tal o cual recorrido, comprarán alguna cosa, leerán un diario matutino o vespertino, se tomarán un café, se les olvidará algo, acudirán a alguna cita, tendrán que telefonear a alguien, un día, en suma, en el que algo ha de ocurrir o, mejor dicho, no ocurrirán demasiadas cosas.
Yo, en cambio, cuando digo “hoy” empiezo a respirar irregularmente, me viene esa arritmia que ya han podido constatar en un electrocardiograma, y si la línea del gráfico no permite suponer que la causa sea mi Hoy —siempre nuevo y opresivo—, yo puedo presentar la prueba del trastorno, redactada en el voluble código de los médicos, la prueba de algo que precede a la crisis de angustia, me predispone a ella, me estigmatiza, algo aún funcional hoy en día, según dicen y piensan los especialistas. Pero yo temo que es “hoy” aquello que tanto me angustia, lo excesivamente desmesurado y patético, y que esta angustia patológica seguirá siendo para mí el “hoy”, hasta el último momento.-

:: Malina de Ingeborg Bachmann (1971).-

24.6.14

AHORA HAS VISTO


3.

Ven a morar dentro de mí, dijo la cascada.
Hay un recinto de piedra negra
alto y seco detrás de mi deslumbrante vida.
Quédate aquí un año o dos, un año o diez, 
hasta que lo hayas oído todo,
la historia interior ensordecedora aunque verdadera.

O falsa. No soy ningún tonto.
Los momentos de verdad son solo momentos,
Ojos que arden al borde de camas vacías.
En un parpadeo pasan los años, la corriente cambia de curso. 
Arruinada por la nostalgia azul del aluminio 
la dorada voz se torna grave y áspera.

Ahora has visto a través de mí, cantó la catarata, 
una lánguida fuerza, aunque valiente, 
se zambulle en mi bañera de ganancias y pérdidas, 
ácida y alcalina,
la mente que refleja y las manos que actúan.
Entra en este espacio íntimo

que sus más tenues iluminaciones descomponen.
La luz rosada del sol baña el muro,
la luna cuelga como los Peligros de Paulina,
¡Dios sabe que aún no he fallado!
y sin embargo qué lejanas parecen, qué pequeñas.
Llévame en tu memoria, amigo mío.

Y luego olvida. Perdona
el extremo vacío de mis huesos, este amuleto,
expía a quien lo usa.
Con el tiempo todas las cosas se hacen música.
¿Cómo puedes vivir sin mí? Mientras yo viva 
ven a vivir dentro de mí, dijo la cascada.-

:: “McKane’s Fall”, Divine Comedies de James Merrill (1976).- 

25.5.14

UN CEREBRO TOTALMENTE ESCRITO


General a los Ministros
[…]
(bebe)
Todos escriben
todos escriben aquí 
Jugar a las cartas 
o no hacer nada
o escribir 
Nuestro escritor 
escribe una comedia 
y todos los que estamos aquí 
aparecemos en su comedia 
Se levanta el telón 
Ahí estamos 
y somos una comedia 
(al Escritor)
Anota usted continuamente 
incluso cuando parece que no anota 
nada 
Escucha
escucha atentamente
incluso cuando mira a otra parte
(a los Ministros)
Ya ven las paredes internas de su cerebro 
las escribe por completo 
por completo
un cerebro totalmente escrito 
un cerebro escrito en su totalidad 
y por ello totalmente oscurecido 
escrito con tal velocidad 
que todo lo escrito se confunde 
como en un demente 
Toda la cara interna de su cerebro
que ni siquiera él puede leer ya 
(al Escritor)
Entonces comprueba usted
que ni siquiera puede leer ya
lo que ha escrito
en su propio cerebro
y con tal falta de escrúpulos
lo que ha escrito usted en su demencia
por eso
quien así actúa
es un hombre en quien no se puede confiar 
(a los Ministros)
Una comedia lo oyen 
Una comedia 
Y si lo desgarramos todo
lo desgarramos de arriba abajo como un trozo
de papel
lo desgarramos
se desgarra la comedia
(bebe)
Súbitamente 
(al Escritor)
No es cierto 
se ha acabado
desgarrada.-

:: La partida de caza de Thomas Bernhard (1974).-

13.5.14

UNA SUMA ELEVADA


La Buena
[…]
Mi tormento es un tormento mucho mayor
Mi corona
Su cabeza de cerdo
Usted había oído que el baile
era por una buena causa
como todos los bailes
Recuerda al mono
al mono con que hablé
esa conversación súbita con el mono
El mono me reconoció
el único que me reconoció inmediatamente el mono el capellán
el mono es nuestro capellán
Le prometí una suma elevada
por una buena causa Johanna
Sacrificio
sacrificio
le dije
y él
sacrificio
y yo
Esa gran necesidad y
Cómo es que esa necesidad es tan grande
Y él esa necesidad
todo susurrado Johanna
por una buena causa
susurrado
El mono y yo
Reverendo le susurré Esa necesidad 
y él Esa necesidad
La reina ha susurrado con un mono sobre la necesidad
susurrado sobre la buena causa
Cuando una reina susurra con un mono
eso cuesta una suma elevada
Empújeme un poco
Johanna la empuja un poco
Fuimos a ver a los monos
La reina acompañada de un cerdo
fue a ver a los monos
Estoy cansada
Empújeme otra vez hasta mi sitio
Johanna la vuelve a empujar hasta la ventana 
Descorra las cortinas
Johanna tira de las cortinas, que llevan ya tiempo descorridas
duerme mi marido
acaso duerme mi marido 

duerme Boris.-

:: Una fiesta para Boris de Thomas Bernhard (1967).-

30.4.14

EMPEZAR


Para el sermón
Empezar con la escena del hospital, esas personas buenas y piadosas rezando junto a la cama de su ministro. La humildad de esas gentes, su fe resplandeciendo como luz a su alrededor, me provoca tal anhelo... de compartir su confianza.
Pero entonces me pregunto: ¿ha de ser ciega la fe? ¿Por qué ha de derivar de la «necesidad» de la gente de creer?
Todos nosotros somos tan dignos de lástima en nuestro deseo de librarnos de nuestras cargas que abrazaremos el cristianismo o cualquier otra afirmación de la autoridad de Dios. Mira a tu alrededor. La autoridad de Dios nos reduce a todos, estemos donde estemos en el mundo, sea cual sea nuestra tradición, a una sumisión implorante.
¿Dónde hay que hallar la verdad, entonces? El ecumenismo es políticamente correcto, pero ¿cuál es el caso? Si la fe es válida en todas sus formas, ¿sólo hacemos una elección estética cuando elegimos a Jesús? Y si dices «No, claro que no», entonces hemos de preguntarnos: ¿quiénes son los benditos elegidos que recorren el auténtico camino hacia la salvación... y quiénes son los descarriados? ¿Podemos saberlo? ¿Lo sabemos? Pensamos que lo sabemos… claro que pensamos que lo sabemos. Pero ¿cómo distinguimos nuestra verdad de la falsedad de otro, nosotros los de la fe verdadera, excepto por la narración que más nos gusta? Nuestra narración de Dios. Pero amigos míos, yo os pregunto: ¿es Dios un relato? ¿Podemos, cada uno de nosotros, examinar nuestra fe —me refiero a su puro centro, no a sus consuelos, sus costumbres, sus sacramentos rituales—, y podemos seguir creyendo en el centro de nuestra fe que Dios es nuestra fábula de él? ¿Podemos seguir suponiendo que contenemos a Dios en nuestra narración cristiana, que Lo circunscribimos, que Lo retenemos, al autor de todo lo que podemos concebir y de todo lo que no podemos concebir... en «nuestra» narración de «El»? ¿De «Ella»? ¿DE QUIÉN? ¡De qué, en el nombre de Cristo, creemos estar hablando!

:: City of God de E. L. Doctorow (2000).-

24.4.14

OBLIGADA A GRITAR



Estaba claro que al antiguo autor este barullo no le preocupaba. Incluso más bien parecía buscarlo. ¿De qué modo si no hubiera podido estar en medio del gentío, con tan poca prisa por subir al autocar, como todos los demás? No eran muchas las veces que yo había visto brillar sus ojos; con el tiempo cada vez menos. Pero en aquella ocasión brillaban. Sin embargo, de la multitud no salía ningún grito de júbilo, fuera el que fuera. (No era gente para el jubileo, modificó el señor del barco.) La gente se veía obligada a gritar para hacerse entender en medio del tumulto de la despedida, que cada vez era mayor; uno de cada dos gritos, como máximo de cada tres, era un aullido. Sí, aquí y allí se hablaba a gritos, se rugía, se chillaba. Sin embargo, el sonido fundamental, aunque a plena voz, pero bien diferente, era un llanto, un llanto que además lo atravesaba todo, cuanto más suave más penetrante, el llanto de los niños. Y, observando más de cerca, se veía claramente además que de entre aquella multitud no pocos, es más, tal vez incluso la mayoría, ni gritaban ni lloraban, sino que estaban mudos, no sólo ahora, en aquel momento, sino desde hacía tiempo, y que seguirían así, mudos durante mucho más tiempo.


:: La noche del Morava de Peter Handke (2008).-

9.4.14

DULCE BOCA



La dulce boca que a gustar convida 
un humor entre perlas distilado, 
y a no invidiar aquel licor sagrado 
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

amantes, no toquéis, si queréis vida; 
porque entre un labio y otro colorado 
Amor está, de su veneno armado, 
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas, que a la Aurora 
diréis que, aljofaradas y olorosas, 
se le cayeron del purpúreo seno;

manzanas son de Tántalo, y no rosas, 
que después huyen del que incitan ahora, 
y sólo del Amor queda el veneno.

:: Soneto 70 de Luis de Góngora (1584).-
:: “Estudio de tres manos”, de  Albrecht Dürer (1494-1495).-

4.4.14

BRILLOS


Hay un trabajo amargo 
como de fatigados pescadores 
arrojando sus redes 
—ansia y desesperanza—
recogiendo sus peces 
de aletas frías, muertos.
Así, a duros golpes
se cree traer vivos todavía
viejas escenas en fragmentos, restos
de diálogos, perdidos
brillos de las pupilas enterradas.
No quiero más, no quiero.
Porque sé que de un modo que no entiendo 
de algún oscuro modo, está presente 
en mí, total, entero el sumergido mundo que no alcanzo.
No quiero alzar pedazos, restos, sombras 
ya fríos, en mi mano.-

:: “Tarea inútil”, en Presencia diaria de Circe Maia (1964).-

23.2.14

NO PUEDO SEGUIR PENSANDO

Tomorrow in the battle think on me,
And fall thy edgeless sword. Despair, and die! 
W. Shakespeare.-


Pero no fue así. Al entrar yo de nuevo alzó la vista y con los ojos guiñados y turbios me miró desde su posición encogida e inmóvil, el único cambio era que ahora sí se cubría la desnudez con los brazos como si tuviera vergüenza o frío. ‘¿Quieres meterte en la cama? Así vas a coger frío’, le dije. ‘No, no me muevas, por favor, no me muevas ni un milímetro’, dijo, y añadió en seguida: ‘¿Dónde estabas?’. ‘He ido al cuarto de baño. Esto no se te pasa, hay que hacer algo, voy a llamar a urgencias.’ Pero ella seguía sin querer ser movida ni importunada ni distraída (‘No, no hagas nada todavía, no hagas nada, espera’), ni quería seguramente voces ni movimiento a su lado, como si tuviera tanto recelo que prefiriera la paralización absoluta de todas las cosas y permanecer al menos en la situación y postura que le permitían seguir viviendo antes que arriesgarse a una variación, aunque fuera mínima, que podría arruinar su momentánea estabilidad tan precaria —su quietud ya espantosa— y que le daba pánico. Eso es lo que el pánico hace y lo que suele llevar a la perdición a quienes lo padecen: les hace creer que, dentro del mal o el peligro, en él están sin embargo a salvo. El soldado que se queda en su trinchera sin apenas respirar y muy quieto aunque sepa que en breve será asaltada; el transeúnte que no quiere correr cuando nota que unos pasos le siguen a altas horas de la noche por una calle oscura y abandonada; la puta que no pide auxilio tras meterse en un coche cuyos seguros se cierran automáticamente y darse cuenta de que nunca debió entrar allí con aquel individuo de manos tan grandes (quizá no pide auxilio porque no se considera del todo con derecho a ello); el extranjero que ve abatirse sobre su cabeza el árbol que partió el rayo y no se aparta, sino que lo mira caer lentamente en la gran avenida; el hombre que ve avanzar a otro en dirección a su mesa con una navaja y no se mueve ni se defiende, porque cree que en el fondo eso no puede estarle sucediendo de veras y que esa navaja no se clavará en su vientre, la navaja no puede tener su piel y sus vísceras como destino; o el piloto que vio cómo el caza enemigo lograba ponerse a su espalda y ya no hizo la tentativa última de escapar a su punto de mira con una acrobacia, en la certidumbre de que aunque lo tuviera todo a favor el otro erraría el blanco porque esta vez él era el blanco. ‘Mañana en la batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo.’ Marta debía de estar pendiente de cada segundo, contándolos mentalmente todos, pendiente de la continuidad que es la que nos da no solamente la vida, sino la sensación de vida, la que nos hace pensar y decirnos: ‘Sigo pensando, o sigo diciendo, sigo leyendo o sigo viendo una película y por lo tanto estoy vivo; paso la página del periódico o vuelvo a beber un trago de mi cerveza o completo otra palabra de mi crucigrama, sigo mirando y discerniendo cosas —un japonés, una azafata— y eso quiere decir que el avión en que viajo no se ha caído, fumo un cigarrillo y es el mismo de hace unos segundos y yo creo que lograré terminarlo y encender el siguiente, así que todo continúa y ni siquiera puedo hacer nada en contra de ello, ya que no estoy en disposición de matarme ni quiero hacerlo ni voy a hacerlo; este hombre de manos tan grandes me acaricia el cuello y no aprieta aún: aunque me acaricie con aspereza y haciéndome un poco de daño sigo notando sus dedos torpes y duros sobre mis pómulos y sobre mis sienes, mis pobres sienes —sus dedos son como teclas—; y oigo aún los pasos de esa persona que quiere robarme en la sombra, o quizá me equivoco y son los de alguien inofensivo que no puede ir más de prisa y adelantarme, tal vez debiera darle la oportunidad sacando las gafas y parándome a mirar un escaparate, pero puede que entonces dejara de oírlos, y lo que me salva es seguir oyéndolos; y aún estoy aquí en mi trinchera con la bayoneta calada de la que pronto tendré que hacer uso si no quiero verme traspasado por la de mi enemigo: pero aún no, aún no, y mientras sea aún no la trinchera me oculta y me guarda, aunque estemos en campo abierto y note el frío en las orejas que no llega a cubrirme el casco; y esa navaja que se aproxima empuñada todavía no llegó a su destino y yo sigo sentado a mi mesa y nada se rasga, y en contra de lo que parece aún beberé otro trago, y otro y otro, de mi cerveza; como aún no ha caído ese árbol, y no va a caer aunque esté tronchado y se precipite, no sobre mí ni sus ramas segarán mi cabeza, no es posible porque yo estoy en esta ciudad y en esta avenida tan sólo de paso, y sería tan fácil que no estuviera; y aún sigo viendo el mundo desde lo alto, desde mi Spitfire supermarino, y aún no tengo la sensación de descenso y de carga y vértigo, de caída y gravedad y peso que tendré cuando el Messerschmitt que se ha puesto a mi espalda y me tiene a tiro abra fuego y me alcance: pero aún no, aún no, y mientras sea aún no puedo seguir pensando en la batalla y mirando el paisaje, y haciendo planes para el futuro; y yo, pobre Marta, noto todavía la luz de la televisión que sigue emitiendo y el calor de este hombre que vuelve a estar a mi lado y me da compañía. Y mientras siga a mi lado no podré morirme.-

:: Mañana el la batalla piensa en mí de Javier Marías (1994).-

17.2.14

TEN LA SEGURIDAD


Moda. Señora Muerte, señora Muerte.

Muerte. Espera a que sea hora y vendré sin que me llames.

Moda. Señora Muerte.

Muerte. Vete al diablo. Vendré cuando no lo quieras.

Moda. Como si yo no fuese inmortal.

Muerte. ¿Inmortal? Pasado el año mil se terminaron los tiempos de los inmortales.

Moda. ¿La señora también es petrarquista como si fuese un lírico italiano del mil quinientos o del mil ochocientos?

Muerte. Me son queridas las rimas de Petrarca porque en ellas encuentro mi triunfo, y porque hablan de mí casi en
todas partes. Pero, vamos, quítate de encima.

Moda. Dale, por el amor que le tienes a los siete pecados capitales, detente un poco y mírame.

Muerte. Te miro.

Moda. ¿No me conoces?

Muerte. Deberías saber que tengo mala vista y que no puedo usar anteojos, porque no me sirven los que hacen los ingleses, y aunque los hicieran adecuados, yo no tendría dónde apoyármelos.

Moda. Soy la Moda, tu hermana.

Muerte. ¿Mi hermana?

Moda. Sí. ¿No te acuerdas de que las dos nacimos de la caducidad?

Muerte. Qué puedo recordar yo si soy enemiga capital de la memoria.

Moda. Pero yo me acuerdo bien y sé que tanto la una como la otra nos esforzamos continuamente por deshacer y transmutar las cosas de aquí abajo, aun si, para el efecto, tú vas por un camino y yo por otro.

Muerte. En caso de que no estés hablando con tu propio pensamiento o mediante alguno que tengas dentro de la garganta, sube más la voz y articula mejor las palabras, pues si sigues mascullando entre dientes con esa vocecita de telaraña, te escucharé mañana, ya que el oído, por si no lo sabes, no me funciona mejor que la vista.

Moda. Teniendo en cuenta que contradice las buenas costumbres y que en Francia no se usa hablar para ser oído, siendo hermanas y dado que entre nosotras no hay necesidad de tantas formalidades, te hablaré como quieres. Digo que nuestra naturaleza y usanza común es la de renovar continuamente el mundo, pero tú desde el principio te lanzaste sobre las personas y la sangre; yo me contento como máximo con las barbas, los cabellos, los vestidos, los bienes domésticos, los palacios y cosas por el estilo. Pero es verdad que a mí no me ha faltado, ni me falta, hacer juegos similares a los tuyos como, por ejemplo, agujerear algunas veces las orejas, otras veces los labios y narices, y rasgarlos con las baratijas que les cuelgo en los huecos; chamuscar la carne de los hombres con sellos candentes que convierto en marcas de belleza; deformar la cabeza de los niños con vendas y otros ingenios, imponiendo la costumbre de que todos los hombres del país deban tener la cabeza de la misma forma, como hice en América y en Asia; lisiar a las personas con el calzado estrecho; dejarlas sin aliento y hacer que se les salgan los ojos por la presión de los corpiños ajustados, y cien cosas más de esta índole. Es más, hablando en general, yo persuado y constriño a los gentilhombres para que soporten cada día miles de fatigas y de molestias, y a menudo dolores y tormentos, e invito a alguno a morir gloriosamente por el amor que me tiene. Esto para no hablar de los dolores de cabeza, de los resfríos, de los flujos de toda clase, de las fiebres cotidianas terciarias, cuaternarias que los hombres se ganan por obedecerme, consintiendo en temblar de frío o en ahogarse de calor según yo lo quiera, protegiéndose los hombros con prendas de lana y el pecho con prendas de tela, al hacer cada cosa a mi manera así sea para el propio daño.

Muerte. En conclusión, te creo que eres mi hermana, y si quieres, lo considero más cierto que la muerte, sin que me lo tengas que probar. Pero estando quieta me desmayo; si te animas a correr al lado mío, ten cuidado de no caer, porque voy en fuga; corriendo me podrás hablar de tus necesidades; si no, por deferencia con nuestro parentesco, te prometo que cuando muera te dejaré todas mis cosas, y que tengas un buen año.

Moda. Si tuviéramos que correr juntas en competencia, no sé cuál de las dos vencería, porque aunque tú corres, yo lo hago mejor que si fuera al galope; en cuanto a estar quieta en un solo lugar, si tú te desmayas, yo me extingo. Así que volvamos a correr, y corriendo como dices, hablaremos de nuestros asuntos.

Muerte. En buena hora. Ya que tú naciste del cuerpo de mi madre, sería conveniente que me ayudaras de algún modo a llevar a cabo mi cometido.

Moda. Ya lo he hecho en el pasado más de lo que piensas. Para empezar, yo, que anulo y trastorno continuamente todas las demás usanzas, jamás he permitido que se extinga la práctica de morir, y por lo tanto puedes ver que ésta ha durado universalmente hasta hoy desde el principio del mundo.

Muerte. ¡Qué gran milagro que no hayas hecho aquello que no pudiste hacer!

Moda. ¿Cómo así que no pude hacer? Demuestras que no conoces la potencia de la Moda.

Muerte: Bien, bien; al respecto tendremos tiempo de discutir cuando llegue la costumbre de no morirse. Pero en el entretanto yo quisiera que tú, como buena hermana, me ayudaras a lograr lo contrario más fácilmente y más rápido de lo que yo lo he logrado hasta ahora.

Moda. Ya te he contado acerca de algunas de mis obras que mucho te benefician. Pero no son gran cosa en comparación con las que te quiero decir ahora. Algunas veces, más en estos últimos tiempos, para favorecerte he hecho caer en desuso y en el olvido las fatigas y los ejercicios que ayudan al bienestar corporal, e introduje o puse en relevancia innumerables que abaten el cuerpo de mil modos y acortan la vida. Además de esto, he introducido en el mundo tales órdenes y tales usanzas que la vida misma, tanto con respecto al cuerpo como al ánimo, está más muerta que viva, hasta el punto de que este siglo, se puede decir con veracidad, es el siglo de la muerte. Y si antiguamente tú no tenías otras posesiones que no fueran fosas y cavernas, donde sembrabas en la oscuridad osamentas y polvaredas que son semillas que no dan fruto, ahora tienes terrenos al sol y gente que se mueve y va por ahí a pie; son hechos que, se puede decir, produjo tu libre razón, si bien no los cosechaste en el momento en que nacieron. Más aún, si antes solías ser odiada y vituperada, hoy por obra mía las cosas se han reducido al punto que cualquiera que tenga intelecto te honra y alaba, anteponiéndote a la vida, y tanto te quieren que siempre te llaman y dirigen la mirada hacia ti como hacia su mayor esperanza. Finalmente, como veía que muchos habían presumido de querer hacerse inmortales, es decir, de no morir por completo, con la idea de que una parte de sí mismos no te habría caído entre las manos, yo, sabiendo que se trataba de nimiedades, y que aun cuando éstos u otros viviesen en la memoria de los hombres, vivirían, por así decirlo, de burla, sin gozar de mayor fama que en el caso que tuvieran que padecer de la humedad de la tumba, de cualquier modo comprendí que este negocio de los inmortales te escarmentaba porque parecía menguarte el honor y la reputación, así que suprimí la usanza de buscar la inmortalidad y de concederla en caso de que alguien la mereciera. De modo que al presente, ten la seguridad de que no ha de quedar ni una migaja que no esté muerta en cualquier persona que muera, y que le conviene irse inmediatamente bajo tierra como un pescadito cuando es tragado de un solo bocado, con cabeza, espinas y todo. Estas cosas, que no son pocas ni pequeñas, las he hecho hasta ahora por amor a ti, queriendo engrandecer tu estado en la tierra, como ha sucedido. Y para este efecto estoy dispuesta a hacer cada día lo mismo y más; con esta intención fui en tu búsqueda, pareciéndome apropiado que de ahora en adelante no nos separemos, porque estando siempre juntas podremos consultarnos mutuamente según los casos, y sacar mejor partido de ellos que antes, poniéndolos en ejecución de mejor manera.

Muerte. Dices la verdad, y así quiero que procedamos.-

:: Dialogo della Moda e della Morte de Giacomo Leopardi (1824).-

11.2.14

EL DINERO NO HA MUERTO


¿Acaso comienza así la muerte? ¿En la sección de anuncios? 
¿Hacia allí nos dirigimos?
¡Un cementerio donde la inhumación es profanación de cadáveres!
Nada, excepto la codicia, ronda estos ataúdes.
¿Al fuego o a la tierra? ¡Primero al periódico!
A otro más han llevado hasta allí, 
de nuevo a otro.
Tan sólo una orla negra separa muerte y dinero: 
éste avanza hasta el borde sin llegar a la muerte.
He aquí el terreno más bendecido.
El alma no se vende por un penique.
¡Alto - alto - alto - alto! ¿Quién llama desde la sepultura?
¡8 coronas 40!
¡8 coronas 40 en la esquela!
Aparece en esta esquela: ¡8 coronas 40!
¿Quién ha podido tramar esto? ¿A quién se le ha ocurrido? 
Mirad más de cerca: una orla negra ¡Sin duda! 
y rodea el comunicado: reservado - 
No es una alucinación, bien claro lo dice.
Una orla negra rodea el comunicado: reservado para -
¡Reservado para el librero Hugo Heller!
8 coronas 40 arroja sobre su tumba.
8 coronas 40 yacen en la sepultura.
¡8 coronas 40 le son devueltas por ella!
¿Cómo? ¿Acaso el dinero ha muerto? ¿Puede morir un libro?
El autor murió
y muy pronto, desde cada esquela, se aguarda 
el comunicado de su entierro.
¿Es la muerte un hombre anuncio?
¿La sepultura una columna de anuncios? Agarraos 
El dinero no ha muerto, él golpeó a la muerte 
hasta acabar con ella,
y ahora le guarda luto. Presenta sus respetos.
Una sucia condolencia aparece en su lugar.
La muerte es la ruina. El cálculo es sencillo:
Ella hace lo que puede,
La esquela también,
¡Y ésta puede!

:: A la vista de una esquela singular de Karl Kraus (1922-1930).-

8.2.14

DE ESOS TERRIBLES DIENTES



Hice lo que pude cuando me dejaron. Siempre pensando si yo marcho todo marcha. Cien inquietudes, un diezmo de problemas y ¿hay alguien acaso que me entienda? ¿Uno entre mil años de noches? Toda mi vida he sido vivida con ellos pero ahora los aborrezco. Y detesto sus trampitas afectuosas. Y detesto sus mezquinos favores. Y todos los borbotones de avaricioso sentimentalismo de sus pequeñas almas. Y todos los rezumos zanganosos de sus incultos cuerpos. ¡Qué pequeño es todo! Y yo revelándome a mí misma siempre. Y dando calabazas continuamente. Creí que vosotros relucíais sobre los más nobles carruajes. No eres más que un patán. Creí que eras en todo el más grande, en la culpa y en la gloria. No eres más que un flojo. ¡Mi tierra! Mi gente no era de la elegida fuera de allí por lo que puedo. Con todo su coraje su crueldad y su cochambrería son culpados, marembrujados. ¡No! Ni por todas nuestras locas danzas en su loco estrépito. Puedo verme entre ellos, allaniuvia pulchrabella. ¡Qué guapa era, la salvaje Amazia, cuando se agarraba a mi otro pecho! ¡Y qué misteriosa, altiva Niluna, que me arrebatará de mi propio cabello! Porque es que son las tormentosas. ¡Oh ya! ¡Ya oh! Y el estallido de nuestros gritos hasta que brinquemos para ser libres. Auravoles, dice, ¡qué os importa el nombre! Pero les detesto todo y a todos detesto. Solunitaria en mi solunidad. Con todos sus errores. Pierdo el conocimiento. ¡Oh amargo final! Me escabulliré antes de que se levanten. Nunca verán. Ni sabrán. Ni me echarán de menos. Y es antiguo y antiguo es triste y antiguo es triste y cansado regreso a ti, mi frío padre, mi frío loco padre, mi frío loco temeroso padre, hasta que la simple visión de cerca de su tamaño, sus millas y millas, gimimiendo, me convierta en sedimento marino mareada sal y me lanzo, yo sola, en tus brazos. ¡Veo cómo se levantan! ¡Sálvame de esos terribles dientes! Dos más. Unodos mashombres más. Así. Avelaval. Se me van las hojas. Todas. Pero me queda una aún. La llevaré conmigo. Para que me recuerde.¡Mjj! Tan suave esta mañana, nuestra. Sí. Llévame, papá, ¡como hiciste en la feria! Si le veo acercarse majestuoso hacia mí bajo blancas alas extendidas como si viniera de los Arkángeles, me hundiría, moriría sobre sus pies, humilde sorda, sólo para lavar. Sí, marea. Ahí es dónde. Primero. Atravesamos la hierba callados el matorral a. ¡Deseo! Una gaviota. Gaviotas. Llamadas lejanas. Vienen ¡lejos! Fin aquí. Nosotros entonces. Finn, ¡otra vez! Toma. ¡Suavevos, meacordaré! Hasta milfinvos. Lps. Las llaves a. ¡Dadas! Un camino un solitario un final un amado un largo el

:: Finnegans Wake de James Joyce (1939).-

26.1.14

FLORES QUE SEAN SILLAS


IV

!Habla, no de los pampas primaverales 
negros por las tremendas revueltas, 
sino de los tabacales, de los algodoneros! 

¡Habla de las exóticas cosechas!
Di, frente blanca curtida por Febo, 
cuántos dólares se asigna de renta 
Pedro Velázquez, de la Habana; 
cágate en el mar de Sorrento

Adonde van los Cisnes a millares 
¡Que tus estrofas sirvan de reclamo 
para el desbrozo de los mangles 
hurgados por las hidras y las cuchillas!

¡Sumerge tu cuarteto en los bosques sangrantes
 y propón nuevamente a los hombres 
diversos temas sobre azucares blancos, 
pectorarios y gomas!

¡Sepamos por ti si la rubicundez 
de los Picos nevados, en los Trópicos, 
surge a causa de insectos ponedores 
o de líquenes microscópicos!

¡Encuentra, oh Cazador, así lo deseamos, 
algunas granzas perfumadas 
que la Naturaleza haga germinar 
vueltas pantalones para nuestros ejércitos!

¡Encuentra, en las lindes del Bosque durmiente, 
las Flores, semejantes a hocicos, 
que babean pomadas de oro 
en las melenas oscuras de los Búfalos!

¡Encuentra, en los prados locos donde el Azul 
tiembla la plata de las pubescencias, 
cálices llenos de Huevos de fuego 
que se cuezan entre las esencias!

¡Encuentra Cardos algodonosos 
con los que diez asnos de ojos de brasas 
se pongan a hilar nudos! 
¡Encuentra Flores que sean sillas!

Si, encuentra en el corazón de los negros filones, 
flores que sean casi piedras –¡excelentes!–, 
¡que en sus duros ovarios rubios tengan amígdalas gemosas!

¡Sírvenos, oh farsante, tú que puedes, 
en una fuente de esplendida corladura, 
guisos de Lis almibarado 
que roan nuestras cucharas Alfénide!

:: Lo que se dice al poeta a propósito de las flores, de Arthur Rimbaud (1871).-
:: Retrato de Fernand Léger.-

25.1.14

ON THE TEETH


Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.
Did she have a precursor? She did, indeed she did. In point of fact, there might have been no Lolita at all had I not loved, one summer, a certain initial girl-child. In a princedom by the sea. Oh when? About as
many years before Lolita was born as my age was that summer. You can always count on a murderer for a fancy prose style.
Ladies and gentlemen of the jury, exhibit number one is what the seraphs, the misinformed, simple, noble-winged seraphs, envied. Look at this tangle of thorns.

:: Lolita de Vladimir Nabokov (1955).-