25.6.14

ÚLTIMO MOMENTO


Sólo la indicación temporal me ha hecho pensar un buen rato, pues me resulta casi imposible decir “hoy” aunque la gente diga o, mejor aún, tenga que decir “hoy” cada día; pero si alguien me cuenta lo que se propone hacer —hoy por no hablar de mañana—, no adopto una mirada ausente, como a menudo se piensa, sino una muy atenta, de pura perplejidad, ¡tan faltas de esperanza son mis relaciones con el “hoy”!, pues sólo puedo atravesar este “Hoy” angustiadísima y a toda prisa y, en medio de esa angustia, escribir o contar simplemente lo que en él ocurra; pues habría que destruir en seguida lo que se escribe sobre el “hoy”, tal como se rompen, arrugan y no se terminan ni se envían las cartas verdaderas, porque siendo de hoy no podrán ya llegar a ningún otro Hoy.
Quien haya escrito un día alguna carta aterradoramente suplicante para luego romperla y tirarla, sabrá mejor que nadie lo que entiendo aquí por “hoy”. Y ¿quién no ha conocido esos billetes casi ilegibles?: “Venga si es que quiere y puede, por favor. A las cinco en el Café Landmann”. O telegramas como éstos: “Por favor llámeme inmediatamente stop hoy mismo”, o “hoy es imposible”.
Pues Hoy es una palabra que sólo deberían utilizar los suicidas, para todos los demás no tiene el menor sentido, designa simplemente un día cualquiera, hoy precisamente tienen claro que, una vez más, habrán de trabajar ocho horas o tomarse el día libre, que harán tal o cual recorrido, comprarán alguna cosa, leerán un diario matutino o vespertino, se tomarán un café, se les olvidará algo, acudirán a alguna cita, tendrán que telefonear a alguien, un día, en suma, en el que algo ha de ocurrir o, mejor dicho, no ocurrirán demasiadas cosas.
Yo, en cambio, cuando digo “hoy” empiezo a respirar irregularmente, me viene esa arritmia que ya han podido constatar en un electrocardiograma, y si la línea del gráfico no permite suponer que la causa sea mi Hoy —siempre nuevo y opresivo—, yo puedo presentar la prueba del trastorno, redactada en el voluble código de los médicos, la prueba de algo que precede a la crisis de angustia, me predispone a ella, me estigmatiza, algo aún funcional hoy en día, según dicen y piensan los especialistas. Pero yo temo que es “hoy” aquello que tanto me angustia, lo excesivamente desmesurado y patético, y que esta angustia patológica seguirá siendo para mí el “hoy”, hasta el último momento.-

:: Malina de Ingeborg Bachmann (1971).-

24.6.14

AHORA HAS VISTO


3.

Ven a morar dentro de mí, dijo la cascada.
Hay un recinto de piedra negra
alto y seco detrás de mi deslumbrante vida.
Quédate aquí un año o dos, un año o diez, 
hasta que lo hayas oído todo,
la historia interior ensordecedora aunque verdadera.

O falsa. No soy ningún tonto.
Los momentos de verdad son solo momentos,
Ojos que arden al borde de camas vacías.
En un parpadeo pasan los años, la corriente cambia de curso. 
Arruinada por la nostalgia azul del aluminio 
la dorada voz se torna grave y áspera.

Ahora has visto a través de mí, cantó la catarata, 
una lánguida fuerza, aunque valiente, 
se zambulle en mi bañera de ganancias y pérdidas, 
ácida y alcalina,
la mente que refleja y las manos que actúan.
Entra en este espacio íntimo

que sus más tenues iluminaciones descomponen.
La luz rosada del sol baña el muro,
la luna cuelga como los Peligros de Paulina,
¡Dios sabe que aún no he fallado!
y sin embargo qué lejanas parecen, qué pequeñas.
Llévame en tu memoria, amigo mío.

Y luego olvida. Perdona
el extremo vacío de mis huesos, este amuleto,
expía a quien lo usa.
Con el tiempo todas las cosas se hacen música.
¿Cómo puedes vivir sin mí? Mientras yo viva 
ven a vivir dentro de mí, dijo la cascada.-

:: “McKane’s Fall”, Divine Comedies de James Merrill (1976).-